La artritis política de los partidos de gobierno

Resulta sorprendente, y descorazonador, ver la apatía política creciente que aqueja a los partidos del sistema, a los defensores de que las cosas permanezcan como están.

Sería a nuestro juicio un error atribuir esta anomia a la escasez de atributos personales de los candidatos oficialistas.

Tampoco toda esta parálisis en materia de pensamiento y propuestas se origina exclusivamente en los desastrosos resultados de la gestión del actual. Sería injusto liberar de responsabilidades en la crisis brutal que padecemos a las políticas aplicadas en los últimos treinta años por gobiernos civiles y militares. Desde Pacheco a Sanguinetti, desde Bordaberry a Gregorio Alvarez, desde Aparicio Méndez a Lacalle.

Es ese modelo el que ha fracasado. No una zafra o dos. No por una temporada turística o un retraso cambiario. Ha fracasado por neoliberal, por pretender un Estado gendarme, fuerte para reprimir al obrero y débil para planificar los esfuerzos económicos.

Ese fracaso de larga duración, ese revés histórico no es anecdótico ni será fácilmente superable.

El cambio de gobierno será un giro copernicano en la conducción del país.

En cuanto a orientaciones económicas y en cuanto a pautas culturales y políticas sociales.

Cambio de fondo, en serio. Impulsado por elencos nuevos, audaces, sin compromisos con los intereses creados del Uruguay de la desigualdad y la injusticia.

Por eso la artritis y la pereza intelectual y política del gobierno tiene raíces profundas y contrasta tanto con el clima de energía y creatividad que empieza a desplegar el nuevo Uruguay encarnado en las alianzas políticas de los progresistas.

Toda esta energía que se canalizará primero en las realizaciones de planes y de obras tendrá también que desplegar una continua acción política para mantener el contacto con la gente, para mantener todo el tiempo la capacidad de dialogar con el pueblo, escuchar sus críticas y demandas, y también para defender al gobierno de los ataques más o menos solapados de los que quieran sabotear su obra patriótica de reconstrucción nacional.

Frente a la artritis, energía y creatividad.

Frente al negativismo, confianza en la capacidad creativa de nuestro pueblo.

Frente a las amenazas antidemocráticas, reivindicación de la participación abierta, la transparencia y el diálogo con la gente.

Con estos atributos habrá un nuevo país y un nuevo ciclo histórico de progresos ininterrumpido, con tres, cuatro o cinco administraciones progresistas elegidas y legitimadas democráticamente, echando las bases de un nuevo Uruguay.

Por ese camino se está transitando desde hoy. Con programas claros y conocidos. Con diálogo permanente. Con búsqueda de soluciones inmediatas para la gente.

El clima que se respira en la calle es el resultado de esa labor y esa dirección de trabajo.

Es la proximidad de un futuro distinto lo que está cambiando el ánimo a nuestros compatriotas.

Bienvenida esa esperanza y ese espíritu de cambio y realizaciones.

No será defraudado. *

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