Un nuevo Solís como prueba de responsabilidad
Los uruguayos estamos acostumbrados a las promesas incumplidas y por consecuencia cansados de rodear obras inconclusas, a medio terminar o inauguradas por la mitad de su construcción. Pasamos todos los días frente a un Palacio de Justicia vacío, camuflado por cristales ahumados hace más de 20 años; nadie se da cuenta que todavía no se terminó el edificio del Banco Hipotecario, luego de añares que se ubicara en 18 y Fernández Crespo; luego de sufrir el incendio hace mucho, el Sodre no ha podido reabrir; en Ciudadela y 25 de Mayo comenzó a construirse el edificio de la Junta Departamental, quedando todo detenido y convirtiéndose luego en garaje del Banco Central.
La lista es interminable, pero algo ha cambiado y todos hemos podido comprobar que nuestro mayor Teatro, cerrado por desperfectos, el 25 de Agosto pasado reabrió esplendorosamente.
Para todos nosotros es una verdadera prueba de cumplimiento y de comprobación de que cuando hay responsabilidad, las cosas se hacen, tanto en fecha, como en calidad. Se trata de una nueva comprobación de la forma de trabajo del Gobierno Municipal de Montevideo. Son muchas las cosas distinguidas por esta Intendencia, y conviene saber el ostensible aumento de policlínicas a lo largo del territorio departamental, el desarrollo social en las áreas de discapacitados y adultos mayores, que obtuvieron merecidos beneficios, llegando hasta un progresivo festival de coros de personas de edad. La difusión musical expuesta por la Filarmónica, que ha recibido el reconocimiento internacional y también el prestigio de la Banda Municipal, son exponentes de la aplicación filosófica de un gobierno participativo, que une el trabajo de obreros, empleados, artistas y todo el pueblo del país. Opinión que no tiene cierto personal municipal que difunde ampliamente una cifra de costo del reacondicionamiento teatral, mientras recuerda que hay más de 600.000 compatriotas viviendo mal, olvidando que varias intenciones de proyección laboral a jóvenes pobres y de refugio callejero, nunca visto en la historia uruguaya, y además atribuyendo al gobierno progresista la responsabilidad de nuestros pesares.
Hay que destacar bien claro que si vivimos mal, es porque los gobernantes nacionales no han sabido encontrar las soluciones. Que hace más de 100 años que fuimos degradándonos, gracias a una muy particular aplicación politiquera. Por fortuna quedan pocos días de esta pesadilla, pero no podemos ocultar que esta inauguración es obra de una manera diferente de actuar desde los cargos públicos. Miren que el Solís es de todos y ni el Intendente ni ningún jerarca municipal ganan más porque abrieron el Teatro, por el contrario enfrentaron días difíciles de trabajo, angustias y responsabilidad, para lograr el propósito.
Ha sido un nuevo ejemplo, es decir una auténtica prueba de aplicación gubernamental y hay que decirlo bien claro, mejor dicho, bien fuerte, bien entonado, tanto como lo hicieron todos los magníficos exponentes líricos invitados para esta inauguración y guiados por un director compenetrado hondamente en su función.
Surgen comentarios contrarios sobre la necesidad o el destino de esta reapertura y no falta quien aproveche la circunstancia para tomarlo como un acto demagógico. Quienes desde 1995 pudimos comprobar las atrocidades cometidas en la construcción de la joya arquitectónica, como también para quienes entendemos que alrededor de la cultura destellan infinidad de cualidades de personas que integran nuestra sociedad, ya que en cada una de nuestras familias florecen artistas con enormes aptitudes en cada una de las especialidades.
Nuestro beneplácito por esta prueba de cumplimiento, efectuada por responsables progresistas, compatriotas que honran sus funciones. *
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