Pobrecitos, los políticos de siempre

El episodio del subsidio pedido expresamente por Larrañaga ha puesto de manifiesto, por enésima vez, el problema central de los uruguayos: los pobres asisten a los ricos.

Sus cuasicompañeros (de Larrañaga, digo) Hierro y Sanguinetti salieron a defenderlo, de manera harto extraña. Seguramente el candidato de la nueva izquierda habrá pensado: «Dejá. No me ayudes más». Son tan traídas de los pelos las apreciaciones del ex y el vicepresidente, que uno no descarta, en ellas, la ironía.

Hierro empieza por desconocer olímpicamente la Constitución, afirmando que sólo cumplió con su deber al aprobar la beca de Larrañaga. Nuestra Carta Magna es por demás específica en su artículo 77, inciso 10). Salvo que Larrañaga piense cobrar su dotación sólo en el caso de ser elegido Presidente, y sólo por los 15 días que van del 15 de febrero al 1º de marzo de 2005. Para estar dentro de la Constitución, el candidato de la nueva izquierda habrá hecho el papelón de su vida por la irrisoria suma del 85% de medio sueldo.

Acto seguido, nuestro vicepresidente expresa su honda preocupación por el sustento de la familia del candidato presidencial, hoy senador. De qué va a vivir Larrañaga, se pregunta Hierro. Con qué va a pagar lanchas y caballos de carrera, se preguntan los castigados contribuyentes uruguayos.

En la misma línea, y con la apariencia de mayor profundidad que le otorgan su vasta cultura y amplia experiencia, expone el ex presidente Julio Sanguinetti. Aboga, ampuloso, por la democratización de la política. Sostiene que, sin los subsidios, sólo podrían dedicarse a la política los millonarios. Defiende que es pagando esos subsidios que los ciudadanos uruguayos obligamos a esos señores malos, que han hecho fortuna, a hacerle un lugarcito a los señores pobres y buenos como él (Sanguinetti) en la vida política.

Larrañaga, Hierro y Sanguinetti, no son más que exponentes de la clase política, que incluye a todos los políticos de siempre, sin olvidar a los del tercer partido tradicional, el Frente Amplio. Lo que hacen es defender sus privilegios, disfrazando de virtud al defecto. Lobos con piel de cordero, pretenden que el uruguayo que paga se trague la pastilla de que los beneficios que se votan para sí mismos son para el bien de los ciudadanos todos.

Casi todos los políticos de los tres partidos tradicionales están haciendo política mientras cobran su sueldo de parlamentarios sin ganárselo. Todos los partidos tradicionales cobran suculentas sumas por concepto de adelanto en base a la votación de hace cinco años, que en absoluto refleja la situación actual.

Todos los partidos con representación parlamentaria se votan, para sí mismos, minutos en la televisión oficial, excluyendo expresa y deliberadamente a los demás partidos, tan habilitados como ellos para la contienda electoral de octubre. Y toleran que el Partido Independiente, que no la tiene, reciba minutos que ni siquiera en ese contexto inconstitucional le corresponden.

Lejos de democratizar la política, los subsidios, de todo tipo, que los políticos instalados se votan para sí, aristocratizan el poder. Son todos beneficios para el que llegó, permitiéndole perpetuarse. Son todos mecanismos que perjudican al recién llegado. Son ayudas para el grande y fuerte, defendiéndolo del chico. Son todas violaciones a los artículos 8 y 77 de nuestra Constitución, tan aporreada.
La política es una actividad de servicio. El que se dedica a la política acepta que sus ingresos se verán, seguramente, reducidos. Es absolutamente inadmisible que los políticos se voten para sí seguridades mayores que las que tiene el ciudadano común. Es totalitario que se sirvan de su calidad de representantes para dificultar la expresión electoral de los ciudadanos que pretenden ejercer su derecho a ser elegidos representantes de sus conciudadanos. Es, repito, inconstitucional. A ellos no les importa, pero a los ciudadanos contribuyentes sí. *

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