Campaña por un debate

El Partido Nacional en su conjunto ha adoptado el temperamento de hacer centro, único y unificado centro de toda su campaña publicitaria, en la demanda de un debate mano a mano formulada a la persona del candidato presidencial del Frente Amplio-Encuentro Progresista-Nueva Mayoría.

Tal como lo había anunciado, el doctor Vázquez, hace ya algún tiempo, reiteró que, de acuerdo con las resoluciones de su organización política, no accedería a ese tipo de confrontación.

Es un criterio que se puede discutir, pero cada fuerza política realiza sus legítimas estimaciones acerca de qué estrategia, qué tipo de campaña electoral va a desarrollar. Se trata de un tópico de exigua importancia. Atañe, apenas, a una propuesta de métodos.

El doctor Larrañaga prefiere una gran puesta en escena en televisión y radio. Una suerte de «madre de todas las batallas» pero mediática, en la que aspira a descontar las ventajas que en materia de popularidad cosecha el candidato del progresismo uruguayo y vocero de la oposición de fondo al modelo que ha prevalecido y prevalece en el gobierno.

¿Qué podría revelar el debate acerca de lo que piensa el doctor Vázquez que él no haya explicado en sus calmas y documentadas conferencias en los salones de la IMM?

¿Qué se podría descubrir de novedoso en el pensamiento de Larrañaga que él mismo no haya expuesto en innumerables reportajes, spots publicitarios o acciones de gobierno, de este gobierno al que perteneció y al que algunos de sus colaboradores siguen perteneciendo?

No tendrá lugar el espectáculo-debate en la TV uruguaya, tan imparcial, tan objetiva, con toda su parafernalia de expertos y sus comentaristas «objetivos y desinteresados». Eso es así.

Pero acaso eso ¿impide el debate de ideas, el intercambio y contraposición de opiniones y de conductas?

Absolutamente no lo impide.

Ni Vázquez ni Larrañaga son dos recién llegados a la actividad política.

A ambos se los conoce por sus dichos y por sus hechos.

De ambos se conocen cómo han sido sus gobiernos, cuáles son sus propuestas programáticas y qué es lo que se proponen hacer para resolver los problemas actuales del país.

Por el fruto conocerás el árbol. Se sabe que Vázquez es opositor al modelo aplicado por Batlle desde el comienzo de su gestión en la primera magistratura del país.

A esa magistratura Jorge Batlle accedió mediante un pacto que suscribieran, entre otros líderes nacionalistas, el propio doctor Jorge Larrañaga.

Hacia el final, Larrañaga se desmarcó de los amargos frutos de las políticas neoliberales, pero eso no deshace, no vuelve como «no-sucedida», la circunstancia que él ayudó a plantar los árboles, regarlos y darles la legitimidad, y junto con Lacalle, los votos de su fracción partidaria.

Magnificar la importancia de una cuestión de método, confundir contraposición de ideas con evento mediático tiene visos de indudable banalidad.

Se hace difícil comprender la importancia sustantiva del asunto. Tan sustantiva que deja en segundo plano el entrar en materia acerca de los problemas planteados.

¿Qué impide dejar de mentar hasta el hartazgo el debate en TV como demanda y, yendo al grano, entrar lisa y llanamente en el desarrollo polémico de los temas?

Empecinarse en un aspecto de detalle como es la realización del show en TV no parece que vaya a contribuir demasiado en la toma de conciencia de la ciudadanía acerca de cuáles son las mejores propuestas para resolver los problemas del país.

La obstinación en aspectos instrumentales, casi de detalle, frente a las inquietantes perspectivas que asoman en el futuro del país después de tantos decenios de neoliberalismo de todo tipo, tiene algo de infantil. Y conlleva una pérdida de tiempo, un descaecimiento del nivel de cultura política que ha desarrollado nuestro pueblo.

Detenerse en lo trivial y anecdótico sin entrar de lleno en lo sustantivo no parece una gran contribución a la profundización democrática. *

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