Los gozos y las sombras de la democracia
Mientras la movilización progresista se despliega en temas y muchedumbres, en propuestas, planes y definiciones, algunos convidados de barro, se ensayan en las teclas de la intimidación cuando sienten que toca a su fin un largo ciclo de privilegios. Un período en el que, para una parte de dirigentes importantes, la acción política dejó de ser la enaltecedora y desinteresada acción por el bien común para asimilarse a alguna forma de los negocios. Lícitos, abiertamente ilícitos o tapadamente delictivos.
Para una buena parte de la población, la palabra político pasó a designar a una de las formas del privilegio y del aprovechamiento de los bienes públicos.
De esa situación sólo se saldrá con la acción ejemplarizante de nuevos elencos, desvinculados de los núcleos de interés, de los lobbies y de las camarillas de arraigadas trayectorias en condiciones de impunidad.
Las expresiones desorbitadas, casi de carácter provocativo, adoptadas por algunos clubes militares referidas a figuras políticas emblemáticas del progresismo uruguayo constituyen un factor serio de perturbación.
Son formas solapadas de acción político partidaria, expresamente prohibidas para los militares en actividad, que en gran número integran esas asociaciones de carácter corporativo.
En el mismo sentido apuntan las expresiones y anuncios relevados a propósito de las declaraciones de un militar retirado que, en un libro de memorias, realiza reconocimientos de gran importancia a propósito de las responsabilidades de las Fuerzas Armadas con relación a las violaciones a los derechos humanos ocurridas bajo la dictadura.
Un hombre que perteneció al proceso, que adhirió, como expresamente reconoce, a las pautas de represión más duras y era partidario de fusilar a los jefes de las organizaciones guerrilleras, ese individuo, transcurrido el lapso legal que lo habilita a realizar declaraciones de carácter político, expresa su convencimiento de que se «cometieron crímenes aberrantes» y que las Fuerzas Armadas deberían pedir perdón a la población por esas actuaciones.
Mientras la gente escucha con interés y con calma los discursos y propuestas de sus candidatos, esa paz y esa atención forman parte de los gozos, actitudes como las mencionadas, en organizaciones con personería jurídica, estatutos precisos y con gravitación muy marcada sobre las instituciones militares, constituyen las sombras del proceso.
También lo son las pretensiones de algunos sectores de las conducciones de los partidos en el gobierno de avanzar en la firma de compromisos y tratados que comprometen al país y que tendrán que ser asumidos por la próxima administración. No se juega limpio cuando se pretende atar de manos al gobierno surgido de un acto auténticamente democrático como será la elección del 31 de octubre o cuando se desconoce que la ciudadanía habrá de pronunciarse también con relación al mantenimiento en la órbita estatal de las funciones esenciales en materia de yacimientos acuíferos. Del mismo modo, como lo expresaba el día lunes el Dr. Tabaré Vázquez, la suscripción de tratados con potencias centrales que pueden llegar a significar una estrategia de integración (en este caso de desintegración) contrapuesta y antagónica a las propuestas regionales en las que el país está incorporado y a las que las fuerzas progresistas dan un apoyo consistente, como lo es el Mercosur.
Para el 31 de octubre está convocado el máximo organismo democrático de que dispone nuestro ordenamiento territorial: el cuerpo cívico. Y lo está con todos sus atributos potenciados. Como constituyente, como elector legislativo y como elector presidencial. Nadie tiene derecho a privarlo de sus competencias por la vía de la creación de situaciones de hecho, que pongan obstáculos a las autoridades y pronunciamientos elegidos por el pueblo. *
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