Hoy hace 100 años nuestro corresponsal estaba en…

Montevideo, cuando se ratificó la paz de Aceguá

5 de octubre de 1904

Se ha firmado hoy aquí un documento que pone fin definitivamente (y oficialmente) a la última revolución blanca liderada por Aparicio Saravia.

El documento se basa en el acuerdo conocido como «Paz de Aceguá», firmado el pasado 23 de setiembre entre el Ejército revolucionario ahora al mando de Basilio Muñoz y las fuerzas regulares gubernistas.

Como se recordará, Saravia había sido herido de gravedad en el último enfrentamiento ocurrido en campos de Masoller el 1 de setiembre, y sucumbió diez días después en territorio brasileño. Este hecho tuvo un efecto catastrófico sobre la moral de las tropas revolucionarias que, al verse sin su jefe, no fueron capaces de proseguir la lucha en una batalla cuyo desenlace parecía favorecer a los revolucionarios.

Fue entonces que comenzaron las negociaciones que culminaron en la Paz de Aceguá y el posterior desarme de Nico Pérez, para concluir hoy con la ratificación del acuerdo.

El pacto obliga al gobierno a decretar una Amnistía General Irrestricta que incluye la incorporación al Ejército de los jefes y oficiales que revistaron en las tropas rebeldes y que han sido amnistiados, así como el compromiso de no someter a la Justicia a las personas que han cobrado impuestos por cuenta de la insurrección.

El gobierno se compromete, asimismo, a garantizar el más absoluto imperio de la legalidad electoral y a promover una reforma de la Constitución que contemple las aspiraciones de los blancos: pureza y universalidad del sufragio, representación proporcional, respeto a las minorías.

Por más que los revolucionarios hayan logrado que el gobierno contemple algunas de sus reivindicaciones, la percepción generalizada es de que la revolución fue derrotada y que este resultado beneficia directamente al presidente Batlle, cuyo prestigio personal y político se ha fortalecido de manera incuestionable.

Andando por la calle Sarandí, nuestro corresponsal afirma que era posible percibir una sensación de alivio entre los montevideanos. Por la noche –una agradable noche primaveral– los cafés de la calle principal y de la Plaza de la Independencia lucían repletos de parroquianos que comentaban favorablemente el fin de la guerra civil y hacían brindis por una paz que, así lo esperan, sea definitiva. *

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