Urgente necesidad de cambios

Desde que la crisis de 2002 profundizó aun más las penurias de la mayoría de los uruguayos, y a pesar del crecimiento que señalan los indicadores macroeconómicos, las cifras escandalosas que desnundan la realidad social se mantienen prácticamente incambiadas.

Cincuenta por ciento de niños por debajo de la línea de pobreza; casi un millón de uruguayos que no logran satisfacer sus necesidades mínimas; el índice de desempleo oscilando en el quince por ciento sin contar el empleo precario; pérdida constante del poder adquisitivo del salario real; incremento de la delincuencia, etcétera.

Sigue habiendo carritos de hurgadores, sigue habiendo niños y jóvenes que piden limosna directamente o en forma encubierta mediante la venta de baratijas, la limpieza de parabrisas o la exhibición de sus destrezas en juegos malabares, siguen aumentando los asentamientos precarios.

El Iname tiene registrados algo más de ochocientos niños que se distribuyen en alrededor de setenta lugares donde ejercen diversas formas de mendicidad. Desde luego que tales cifras no reflejan fielmente la realidad, ya que las causas del fenómeno se mantienen intactas. El deterioro económico –por más que aumenten las exportaciones y que desde el oficialismo se nos hable de reactivación– sigue generando degradación social, miseria y exclusión.

Los jerarcas del gobierno reconocen que los recursos asignados para combatir la miseria y hallar soluciones para los jóvenes en situación de calle no son suficientes; admiten, también, que ha habido una cierta omisión del gobierno en la implementación de políticas sociales tendientes a reinsertar a ese segmento en el sistema educativo y posteriormente en la sociedad.

Pero singularmente, en el discurso de los candidatos de los partidos tradicionales no hay referencias a las causas profundas de la degradación social. Parecería que para ellos nacer por debajo de la línea de pobreza fuera una decisión individual o familiar; no se les ocurre pensar que nadie elige ser pobre, así como que vivir en la calle tampoco responde a una elección. Son el sistema y el modelo económico los que marginan cada vez a más uruguayos y llevan a esos jóvenes a tratar de sobrevivir como puedan. Es ese modelo perverso, ineficiente como motor de crecimiento y profundamente injusto, el responsable del incremento de la pobreza, de la destrucción del entramado social y del aumento de la delincuencia.

Por tanto, es urgente desarrollar políticas sociales para atender la emergencia, como se propone hacer el EP-FA-NM; pero las fuerzas progresistas saben, también, que tales políticas deben necesariamente ir acompañadas de cambios profundos en el modo de producción si pretendemos que no sean sólo parches y si de veras queremos tener una sociedad más homogénea y menos injusta. *

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