¿Ingenuidad o hipocresía?

En nombre del Banco Mundial, un funcionario llamado Warrick Smith, supongo que de menor rango, porque no aparece adornado con ninguno de esos pomposos títulos tan comunes en buenos señores, seguramente haciendo el mandado, muy suelto de cuerpo, acaba de decir que las reformas neoliberales de los 90 no generaron crecimiento económico y no disminuyeron la pobreza. ¡Cuántos años y recién se vienen a enterar ahora! ¡Lerdos de reacción los muchachos!

Otro señor llamado François Bourguignon, este sí jerarca y pico, economista jefe y vicepresidente del organismo, sostuvo que el error de América Latina fue concentrarse en las grandes reformas económicas y de comercio, «y no haber lidiado con las reformas micro como el registro de empresas y ese tipo de cosas». Impresentable.

Se pasearon por el mundo durante décadas aconsejando privatizar a troche y moche.

Pregonaron la creación de condiciones para generar rápidas ganancias al capital financiero con el menor riesgo y tiempo posible, manejando las tasas de interés a su antojo y, faltaba más, dentro de sus sabios consejos aparecía siempre la desregulación comercial, laboral y financiera.

Ahora este francés nos sale diciendo, que si bien los consejos del Banco Mundial fueron seguidos por los países de América Latina, sólo se dedicaron a las grandes reformas y se olvidaron de las chicas, «ese tipo de cosas» en su lenguaje. Y entonces descarga las culpas sobre los países que no llevaron adelante las pequeñas cosas. Yo, argentino, es el mensaje de estos tristes y distraídos personajes. Que carguen los demás con las macanas que cometieron. ¡Y vaya si las cometieron!

Bourguignon ha descubierto que la década de los 90 se caracterizó por la concentración del ingreso, esto es, pocos ricos y muchos pobres. Y agregó: el crecimiento de la economía es condición necesaria para reducir la pobreza pero no suficiente. ¡Ah, me parece que este hombre se volvió marxista!

Debe haber sido por eso, quizás para cubrirse, que por las dudas aclaró que el crecimiento de los países se produce en forma neutral en cuanto a la distribución de los recursos económicos. ¡Es muy fuerte! ¿Neutral? ¿Y la concentración del ingreso, la pobreza y otras yerbas, se producen por obra y milagro del señor todopoderoso? Claro, Bourguignon es de los que piensa que la economía manda a la política.

Un tercer señor de apellido Stein, ya totalmente poseído, desbocado, entra en escena agregando: «las recetas económicas tienen carácter étnico. Si la región está harta de recetas neoliberales anglosajonas, echen un vistazo a Escandinavia». Textual. No vayan a creer que es invento mío. ¡Qué los parió, diría Mendieta! Lo que es un buen sueldo a defender. Las cosas que les hacen decir.

Y casi como confesión de boliche finaliza su brillante e inspirada perorata diciéndonos que en los 80 – 90 nuestros países aplicaron políticas macroeconómicas, bajaron la inflación y crearon una de las regulaciones más flexibles y simples del mundo para el ambiente empresarial.

A veces es bueno mirarse en el espejo del vecino allende del Río de la Plata.

El crecimiento y superávit de la economía argentina es un hecho positivo para los argentinos. Pero, cosas de la política, le ha dado argumentos al FMI para exigirle más al país, perjudicándolo en su estrategia negociadora de la deuda para salir del default. Miremos la última perla: el BID, presidido por nuestro ilustre Enrique Iglesias, en una clara injerencia electoral, ha dicho que si gana el referéndum por el agua, resultarían perjudicadas las obras de saneamiento que ¡oh casualidad, se financian por el BID! Así son los organismos internacionales. Por eso, cuando ahora nos dicen que admiten el fracaso de los sistemas previsionales privatizados, nos preguntamos lo del título, que pertenece a un periodista argentino de Página/12: ¿Ingenuidad o hipocresía? *

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