La dictadura y "El País": un juicio de los alcahuetes

El grado de desequilibrio mental y de rabia oligárquica está conduciendo a la derechal, no sólo a apelar al terrorismo ideológico y material (ya hay hechos que están en conocimiento del Ministerio del Interior). El grado de desesperación ante la clara perspectiva de perder las ventajas, de estar siempre junto al poder y sus privilegios, los conduce a confesiones brutales que los desnudan totalmente y los muestran tal como son y fueron siempre: servidores abyectos y justificadores de la violencia dictatorial y la ruptura del orden legal. En fin, todo vale si de conservar los créditos eternos que nunca se pagan, si de tener cargos sin tener un voto, si de tener contratos en dólares por diez decenas de miles y simultáneamente cobrar ilegalmente un subsidio del Estado, y valen cosas como estas que transcribimos del «editorial» del viernes 24 de setiembre: dice el diario de los Beltrán, los Schek, los Aguirre y los Rodríguez, bajo el título «O blancos o tupamaros»: «Lo increíble es como si viviéramos en el mundo del revés, el recuerdo de condena lo es a quienes, aun pecando por excederse en la usurpación del poder y en algunos casos en la represión, los derrotaron militarmente en defensa del país y a la que por ello, sólo por ello, les debe un tributo de gratitud».

Esto es la justificación de la dictadura, es exonerar de culpas a los torturadores y violadores de los derechos humanos, a los que saquearon las casas, a los que mandaron a miles de demócratas a la cárcel y el exilio. No hay vuelta, están jugados a romper las reglas democráticas con tal de no perder. Porque quienes escriben esto, no es que estén en contra de la violencia guerrillera, están dispuestos a justificar a los que rompieron el orden democrático y torturaron e hicieron desaparecer personas inocentes.

No tendrán suerte, perderán el 31 de octubre. Y no podrán romper las reglas del juego democrático, porque los que recuperaron las libertades no entrarán en las provocaciones violentistas y terroristas.

Pero al mismo tiempo la gente debe saber hasta qué niveles de abyección es posible llegar en defensa de los privilegios, porque decir que a los dictadores «se les debe un tributo de gratitud», es demasiado. Y dicen esto cuando un general de la dictadura confiesa que se torturó, se mató y está dispuesto a pedir disculpas, estos cajetillas, sin valor ni dignidad están aplaudiendo a los torturadores y dictadores. Es demasiado.

Estos son los «tolerantes», los «demócratas», estos son realmente los enemigos de la paz, la democracia y la justicia.

En fin, los enemigos del pueblo y los responsables de su miseria y padecimiento. *

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