El discurso colorado en la campaña
Si nos guiamos por las informaciones políticas que difunde el semanario conservador Búsqueda, la presente campaña electoral tendría, al menos en Montevideo, un grado de violencia y de tensión inigualable. Este saldo negativo que dejan las notas informativas del periódico no se corresponde en absoluto con el clima de serenidad, y en algunas zonas hasta de desinterés, que prevalece tanto en Montevideo como en el Interior.
Es cierto que, ante el desplome incontenible de sus sostenes electorales, una parte de la cúpula colorada parece tentada por jugar recio y enturbiar el curso de los acontecimientos.
La responsabilidad, obviamente, no es sólo del ex presidente Sanguinetti sino también de otros dirigentes políticos y de algunos militares y ex militares que han reaccionado de manera histérica ante las consideraciones publicadas por el general retirado Oscar Pereira.
Fiel al guardarropa que luce internamente en sus campañas políticas en Uruguay, bastante diferente por cierto del atuendo propio de un socialdemócrata cuando escribe en periódicos europeos o dicta conferencias en otros países latinoamericanos, Sanguinetti vuelve a pulsar las cuerdas de la guitarra de la intolerancia de la izquierda.
Y lo hace al mejor estilo de la prensa amarilla y las prédicas de ultraderecha de cualquier parte del mundo: Sanguinetti cambia totalmente el contenido de ciertas afirmaciones de dirigentes del FA-EP-NM.
Así por ejemplo en un discurso realizado el miércoles en el Prado –y del que da cuenta el semanario Búsqueda– con un pequeño juego de manos, Sanguinetti hizo una transformación mágica: cambió el anuncio de Tabaré Vázquez de realizar «auditorías administrativas» entre los funcionarios eventualmente acusados de corrupción por la «instalación de tribunales populares sin garantías» si el Frente Amplio accede al poder. «El FA es el partido de la desconfianza», dice, y «que alienta la intolerancia».
Un pequeño incidente desarrollado en un acto sanguinettista en el Cerro, donde un puñado de personas golpearon cacerolas en rechazo a la presencia del ex presidente, se convirtió en una especie de gesta heroica del forismo y fue mentado con reiteración en cuanto mitin colorado se realizó en estos días.
El forismo (junto con los restos fósiles del pachequismo) no es ajeno a otra línea de agudización de los encontronazos: nos referimos a la campaña que se ha desatado en los ámbitos internos militares contra el general Oscar Pereira, quien denunciara, precisamente, la responsabilidad de Sanguinetti en el mantenimiento de la impunidad y en la aceleración del proceso de politización del alto mando militar.
Todavía no se habían apagado los ecos de las denuncias del ex general Pereira, cuando ya dos instituciones sociales militares habían condenado duramente sus dichos y resuelto de manera unilateral la expulsión del militar que criticaba y se autocriticaba por la actuación de las Fuerzas Armadas durante la dictadura.
A menudo se subestima la importancia que tienen estas organizaciones sociales de los militares en retiro. Sin embargo, de acuerdo con las normas vigentes en materia de Tribunales de Honor, que poseen potestades hasta para privar de la condición de militar a ex oficiales, como ocurrió con muchos y muy destacados dirigentes frenteamplistas, en los años setenta, tienen como una de las causas legítimas para conformar un Tribunal de Honor, la actitud que asuman estos clubes o asociaciones sociales de ex militares, en gran medida dirigidas por hombres de afinidad con la dictadura.
De esta manera se está preparando el linchamiento de Pereira en filas castrenses. Si bien el comandante Pomoli no es partidario de instalar estos tribunales antes de las elecciones nacionales inminentes, una parte considerable de la oficialidad superior y en retiro se inclina por el criterio maccartista de castigar inmediatamente a Pereira, lo que no haría sino aumentar las tensiones en el sentido en que más a gusto se siente el doctor Sanguinetti. *
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