LA LENGUA NO ES DE TRAPO

Confusiones y extranjerismos

Nueva especie ictícola

«Denuncian la pesca ilegal de brasileños». Título de El País del 27.09.04. Después de leer esto, colegí que entre las múltiples especies protegidas por hallarse en riesgo de extinción, destaca el pez conocido como brasileño. Los zoólogos consultados confesaron que en sus registros no figuraba tal especie y que ignoraban si era codiciado por su carne o por su piel. Otras fuentes aseguraron que no se trataba de peces sino de ciudadanos de Brasil, y que el título hacía referencia a la nueva estrategia del ministro Bordaberry dirigida a atraer turistas brasileños que piensan viajar a otros destinos y son disuadidos por funcionarios de nuestro Ministerio de Turismo apostados en aeropuertos y terminales de autobuses.

Mientras se dilucidaba el misterio, leo en LA REPUBLICA la siguiente información: «Denuncian pesca ilegal de barcos brasileños», con lo cual –si bien podría interpretarse que lo que se pesca son barcos brasileños– el mensaje resulta mucho más claro: se denunció que hay barcos brasileños que pescan ilegalmente en nuestras aguas territoriales. Una vez más, lo exiguo del espacio disponible llevó al colega a redactar un mensaje confuso.

 

Más extranjerismos

Con motivo de las declaraciones de Fossati, mucho se habló de discriminación de los gays. Por qué en inglés los pederastas son llamados gays es algo que ignoro, y me llama la atención que un adjetivo que significa «alegre» se haya sustantivado para designar al «varón que comete concúbito con individuo de su mismo sexo», es decir, al sodomita. Digo esto porque dudo que los homosexuales –como cualquier hijo de vecino– estén siempre alegres; supongo que a veces estarán tristes, ¿no?

Pero, en fin, ese asunto lo dejo para los investigadores en lingüística anglosajona; allá ellos, los rubios del norte. Ahora lo que sí me subleva es que en nuestro país de habla hispana se haya importado el término inglés. ¿Por qué?

–Lo que pasa, Mendieta, es que resulta más fino, más elegante, recurrir a la lengua de Shakespeare que a la de Cervantes.

–¡Qué lo parió! ¡Usted también se me ha vuelto esnob! *

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