¿Quién ensucia la campaña?

Desde hace ya un cierto tiempo es posible oír comentarios en el sentido de que la actual campaña electoral se ha «ensuciado», y que el tono de los discursos proselitistas va aumentando en denuestos y acusaciones; que más que confrontación de ideas y de propuestas, la campaña está caracterizada por agravios hacia el adversario.

Entendemos que es cierto que esta campaña electoral no tiene el nivel que el electorado espera y que todos desearíamos. Es más, lo hemos sostenido desde que en la campaña por las internas fue posible conocer el contenido de los discursos y observar la estrategia electoral elegida. Más de una vez nos hemos ocupado de resaltar la ausencia de propuestas de los partidos tradicionales y la falta de debates esclarecedores, así como hemos denunciado la tendencia cada vez más marcada hacia la descalificación y el descrédito.

Pero bueno es tener presente que si la cancha está embarrada, ello es responsabilidad de los sectores de la derecha más recalcitrantes, de los grupos conservadores de ambos partidos tradicionales.

Al respecto, es preciso señalar los ataques permanentes que desde filas coloradas y herreristas se lanzan contra las fuerzas de izquierda, acusándolas de antidemocráticas y agorando desgracias varias en caso de un triunfo progresista.

Un día sí y otro también, en los discursos de los dirigentes colorados o desde las páginas editoriales del matutino El País, es posible advertir la machacona insistencia con que alertan a la población sobre los peligros a que se vería sometido el país con un gobierno de la izquierda. Y se hace especial hincapié en el pasado guerrillero del MLN, advirtiendo que ese grupo integra el sector mayoritario dentro del EP-FA-NM.

Para ello, no vacilan en tergiversar los hechos históricos, en torcerlos y disfrazarlos de modo de fundamentar su advertencia.

Recientemente, en un acto del Partido Colorado, se afirmó, sin pudor alguno, que el golpe de Estado de 1973 «no fue simplemente una irrupción militar que salió de la nada, fue un proceso de desestabilización que comenzó en 1964, cuando en plena democracia el movimiento tupamaro salió a ejercer la violencia como nunca antes había existido en este país. (…) Hoy felizmente ese movimiento no está en la violencia, pero es la mayoría del Frente Amplio según la última elección interna, y esa mayoría no se ha arrepentido de nada».

Bueno es puntualizar que el MLN comenzó a actuar no en 1964 sino cuatro años después de esa fecha, es decir en 1968, luego de que el gobierno colorado de Pacheco Areco instauró el régimen excepcional de medidas prontas de seguridad a cuyo amparo cometió violaciones groseras de los derechos humanos y del orden constitucional. Tampoco debemos olvidar que el golpe militar se dio cuando el MLN había sido derrotado y sus militantes estaban presos, muertos o en el exilio.

Independientemente de la tergiversación grosera de los hechos históricos, queda claro el afán de la derecha por instalar en el inconsciente colectivo el terror al cambio. *

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