Rescate de la memoria
En enero de 1995, el candidato electo Sanguinetti promovía la reforma jubilatoria que introducía las AFAP. Tan sólo tres meses antes, plebiscito mediante, el pueblo había mandado al basurero de la historia la reforma por la que el gobierno del doctor Lacalle, apoyado por la totalidad del Partido Colorado, pretendía introducir en nuestro sistema previsional el ahorro individual, esto es: «hacé la tuya».
Nueve meses después, el presidente Sanguinetti, ahora con el apoyo de todo el Partido Nacional, lograba la sanción de la ley popularmente conocida como de las AFAP, y que él denominó y denomina como «la madre de todas las reformas», demostrando con ello la importancia que le adjudicó.
Una primera reflexión: el intento de Lacalle y la reforma aprobada en setiembre de 1995, significaban un quiebre histórico para la seguridad social uruguaya. Principios tan claros y caros como la solidaridad, equidad, quedaban relegados.
Un segundo aspecto a recordar: ¡cuán poco le importó al doctor Sanguinetti el contundente mensaje que el pueblo había expresado abrumadoramente apenas 100 días antes: no al individualismo en seguridad social!
La reforma del gobierno de Sanguinetti fue apoyada por todo el Partido Nacional. Voceros de la coalición de gobierno que la aprobaron decían, entre tantos dislates, que a partir de las modificaciones introducidas, las pasividades iban a mejorar sustancialmente. Está escrita esa afirmación. No se puede desmentir. Por otra parte, personalmente estuve en las negociaciones del Victoria Plaza, no como espectador sino como participante, y sé perfectamente qué cosas se dijeron.
Pasaron los años y comenzaron a hacerse visibles las consecuencias de la reforma previsional. Cayeron las pasividades, revirtiendo el crecimiento que se había logrado a partir de la reforma constitucional del año 1989. El monto promedio de las jubilaciones del año 2003 eran inferiores en un 23,94%, comparadas con las del trienio anterior. Las pensiones por sobrevivencia y de vejez, perdieron 18,23% y 23,91%. respectivamente.
Hoy, el Partido Nacional con el doctor Larrañaga a la cabeza, propone el aumento de las jubilaciones a $3.000. Nos parece bien. Sería de elemental justicia para decenas de miles de pasividades que paga el BPS. Claro, habría que discutir muy en serio cómo llevarlo a la práctica.
Pero no es a eso a lo que quiero referirme, sino a que la coalición de gobierno de la época no podía aducir ignorancia de hechos que luego se transformaron en tristes consecuencias para trabajadores, jubilados, y en general para toda la sociedad. Entre otros, el PIT-CNT, a través de su representación en el BPS, predijo en 1996-97 exactamente lo que luego sucedió. Y no porque fuéramos iluminados. Bastaba con conocer un poquito del tema. Alcanzaba con mirar allende los Andes, donde la reforma del dictador y corrupto Pinochet ya comenzaba a dar señales de tormenta, cuando no de naufragio. Ni qué hablar de Europa, donde nunca se admitió ese tipo de reforma. ¡Pensar que nuestros gobernantes, los de ahora y los de antes, se miran en el espejo europeo!
Me parece bien que cualquier ciudadano, máxime si se trata de un político notorio como el candidato del Partido Nacional, pueda rever sus actos. Pero en su momento él (era intendente de Paysandú) y su partido, cuando votaron la reforma, tenían la obligación como corresponsables de la conducción del país, de prever las consecuencias de sus dichos y sus actos. Para que en definitiva la ciudadanía pueda juzgar conductas. Ahora, en plena campaña electoral, resulta muy fácil plantear un mínimo de $3.000 para las jubilaciones. En fin, cosas de candidatos. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad