A no omitir preposiciones
«Con Mujica ministro, el EP aspira seducir indecisos».
Título de El Observador del 22/09/04.
Comprendo que la titulación en los periódicos es algo difícil y que a veces hay que cambiar algunas palabras o suprimir otras por razones de espacio, tal como ocurre cuando redactamos un telegrama. Puedo tolerar que se suprima la preposición a antes de un complemento directo persona, aunque en rigor se debe decir «seducir a indecisos».
Pero la eliminación de la misma preposición a a continuación del verbo aspirar no es de recibo.
Y no lo es porque el verbo aspirar (transitivo) puede significar «atraer el aire exterior a los pulmones» (puede aspirarse tanto el perfume de una flor como las emanaciones fétidas de una cámara séptica) y también «originar una corriente de un fluido mediante la producción de una baja de presión» (supongo que todo este palabrerío sirve para definir lo que hacen la aspiradora y la bomba para sacar agua). Pero hay un tercer significado: «pretender o desear algún empleo, dignidad u otra cosa». Cuando es usado en esta tercera acepción, debe necesariamente ser seguido de la preposición a: aspira a un cargo de dirección, aspira a que la ciudadanía lo vote, aspira a conquistar a los indecisos, etcétera.
Esto de las preposiciones que deben seguir a los verbos se presta a confusiones y dolores de cabeza. Hace algún tiempo me ocupé de otro caso parecido. El verbo acostumbrar, cuando es sinónimo de soler, no debe seguirse de la preposición a: Acostumbran llegar tarde. En cambio si es transitivo y significa «hacer adquirir costumbre de alguna cosa», sí corresponde introducir la preposición a: Debemos acostumbrar al perro a defecar en el jardín.
(Debo reconocer que la terca realidad está imponiendo el uso de la preposición a también en el primer caso: «acostumbran a llegar tarde»).
Tenemos también el caso del verbo disponer, que puede significar «poner las cosas en orden» (Dispuso las sillas alrededor de la mesa); «mandar lo que ha de hacerse» (Se ha dispuesto adelantar la hora para ahorrar energía); y finalmente «tener, usar, valerse de algo o alguien» en cuyo caso debe necesariamente ser seguido de la preposición de: Puede usted disponer de mi automóvil; La mayoría no dispone de medios para acceder a la vivienda propia.
–Yo, Mendieta, aspiro a tomar otra, pero usted no acostumbra mandar la vuelta. ¿Qué le cuesta disponer que nos sirvan la del estribo?
–¡Qué lo parió! *
No vender el voto por una canasta
El mundo está acostumbrado a que las personas que tienen intenciones de acceder a cargos de gobierno utilicen todo tipo de recursos para convencer a los ciudadanos a que los apoyen en el acto eleccionario. Se conoce que utilizan todo tipo de promesas, que muy pocas veces pueden cumplir. Desde el condicionamiento de un apoyo partidario a cambio de un puesto público de trabajo, sin importar los valores, ni las características del votante.
Estamos a pocos días de una elección inédita en el Uruguay, donde los partidos tradicionales se ven superados por el encuentro de distintas corrientes progresistas, unidas bajo el lema Frente Amplio-Encuentro Progresista-Nueva Mayoría que ostenta la experiencia de gobernar Montevideo hace 14 años, y que los alejará luego de un gobierno en el que han alternado desde siempre.
Como una medida desesperada de no perder votantes, aparecen fugaces salvadores, especialmente atentos a las personas de mayor edad entre los actuales ciudadanos, que están sufriendo la terrible situación económica a la que nos ha impulsado el Partido Colorado. Considerando la desesperación que soportan los jubilados y pensionistas, resulta muy astuto regalarles un conjunto de alimentos dentro de una canasta, y así obligar a cada beneficiario a reconocer la atención mediante su apoyo electoral. Para disimular las donaciones, estos candidatos se escudan en seudo organizaciones, mal llamadas cooperativas, ya que inevitablemente cada regalo se cobra a lo largo de los aportes que debe hacer cada asociado.
Los jubilados y pensionistas tenemos muy claro que nadie nos puede ayudar si no es por nosotros mismos; estamos cansados de estos profetas esporádicos que prometen ilusiones con la ayuda momentánea de algún fideo o polenta. Cada jubilación o pensión es un derecho generado por cada uno de nosotros que los gobernantes deben considerar como esencia de la previsión social que hace tiempo desarrollamos los uruguayos.
Por todo esto, aconsejamos a quienes duden para emitir su voto el próximo 31 de octubre, que piensen que nuestros sufrimientos surgen de las decisiones de directores, diputados y senadores de los partidos Colorado y Nacional, que por ellos nos han cortado aumentos dignos para vivir una vejez tranquila y feliz.
Ofrecernos una canasta para conseguir un voto, es faltarnos el respeto y considerarnos inútiles y serviles. Por eso esta elección sera memorable, se terminará el tiempo del engaño a los adultos. En estos próximos días nos van a prometer cualquier cosa. Está en nosotros no dejarnos embaucar. *
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