Un palacio aherrojado en medio de una democracia en reparaciones

Una paradoja más de este gobierno terminal. O más bien, de uno de sus integrantes más conspicuos. Lo que es, en síntesis, lo mismo En los días en que se celebra el Día del Patrimonio nacional del Estado (nunca mejor aplicada la deliberada redundancia), un funcionario de no menor jerarquía, pero demostradamente menor en criterio y justipreciaciones democráticas, se da el lujo de proceder con discriminación de absoluto corte personal, de tal magnitud que lo hace caer en lo ridículo. Quizás para no desentonar con su superior jerárquico. El edificio Palacio Legislativo, sede material del Poder del mismo nombre, edificio emblemático si los hay, del orgullo patrimonial nacional, es utilizado en eventos, donde sus instalaciones albergan actividades que así lo ameritan. Y ha sido, en muchas oportunidades, utilizado por los partidos políticos y organizaciones sociales, y en especial por el Frente Amplio, para actividades relevantes.

Pero ahora resulta que un funcionario del Estado, en funciones de mero y circunstancial administrador de ese espacio edilicio, se da el lujo de arrogarse una autoridad que no tiene. La de negar, sin motivo calificado, el uso de la sala de actos. Y lo más impresentable es la falta de ese motivo valedero.

«¿Y por qué se lo tengo que conceder?», habría dicho el vicepresidente de la República, en funciones de funcionario administrativo autorizante del uso de dicha casa.

Lo peor del caso es que, sin necesidad de ir muy a fondo, se comprende que dicha negativa se ha tomado en forma de represalia, porque al señor vicepresidente no le ha gustado la forma del texto propagandístico que realiza el EP-FA-NM, como complemento de la invitación cursada a la gente, con motivo de tal evento. Una especie de venganza pre-mortem, en forma de restricción de la libertad de expresión, a cargo de dicho mero funcionario de un gobierno al que le hace honor. Consideramos que, dados los antecedentes, en que se ha autorizado a esta misma fuerza política la realización de otras actividades en el mismo recinto, esta discriminación abusiva del citado funcionario, no hace más que poner en evidencia el grado de arbitrariedad y desprecio con que un digno representante de estos «señores», enquistados en el poder desde hace tanto tiempo, maneja bienes del patrimonio del Estado como si fueran propios.

La desesperación ante la inminencia de este segundo y seguro «se va a a-ca-bar», lleva a quienes están acabados y acabando, a cometer torpezas de este tipo. Y lo peor es que, además de no tener capacidad para recapacitar, tampoco tienen, en su entorno, algún otro funcionario, de cabeza fría y pensamiento normal, que los aconseje.

El motivo aducido merece también un comentario aparte. Se dice en la mencionada propaganda, que en el acto a realizarse se argumentará contra las mentiras oficialistas volcadas con motivo de la propuesta sugerida de inducir a las AFAP a invertir parte de sus fondos en vivienda.

Situación que motivó rauda respuesta mediática, faltaba más, de los alcahuetes del poder, con intervenciones televisivas terroríficas, como la materializada por el lamentablemente inacabable superministro de la Oficina de Recortes Presupuestales, quien, al mejor estilo «goebbeliano», con intervenciones similares a las de los folletines de la segunda guerra mundial, salió en supuesta defensa de los trabajadores, ante el oficialista sugerido intento de «meterle la mano» en el bolsillo, que le atribuye, como recurso politiquero desesperado, a la mayor fuerza política del país.

Y otra vez ¡oh paradoja!, el principal pero no único responsable de haber llevado al paisito a figurar en el libro Guinness de récords y en el repertorio de Ripley, logrando hacer ingresar simultáneamente, sin solución de continuidad y en tiempo récord, por debajo de las sendas líneas de pobreza e indigencia a cientos de miles de uruguayos de todas las edades.

¡Y ahora finge aparecer como preocupado por los trabajadores, que él mismo se encargó de trampear con sucesivas medidas de corte reaccionario, para hacerle el mandado al FMI! (No nos extrañemos que después de octubre le salga un «carguito», remunerado en «verdes», de esos compensatorios con que se premian «los favores recibidos»).

Uno de los responsables, (hay más, claro), de haber entregado los ahorros de los trabajadores a manos privadas de sociedades anónimas, detrás de cuyo anonimato pueden estar ocultos e impunes, personajes de la catadura de los Peirano o los Röhm…

Es para no creerlo, si no lo hubiéramos visto en la pantalla chica. Un caso más del cinismo político al que recurren los que no se han convencido de que llegó la hora de largar la «teta» a la que están prendidos, desde hace taaaanto, como aquellos «libertinos en ruina», a los que se refería Baudelaire. (1)

Por suerte, también el Palacio de Hierro se va a a-ca-bar. Y pronto.

Para que, luego del ingreso de una necesaria brisa fresca, todos, todos, los que tienen iguales derechos, reciban iguales tratamientos. Sin revanchas despreciables.

Sin que ningún autoerigido superfuncionario pueda, a través de sus errores y decisiones amañadas y embadurnadas de despecho, trampear un procedimiento correcto.

Y un mensaje más que subliminal de este gobierno, por lo menos dos veces terminal, que aherrojó (2) el edificio emblemático e ínsito de la democracia, como para indicar, una vez más, que se opone a todo cambio que nos conduzca a la verdadera democracia, dotada de solidaridad, sin discriminaciones ni favoritismos y con justicia social.

 

(1) «Libertinos en ruina/ que besáis con angustia/ el seno magullado/ de la vieja ramera.»

Charles Baudelaire , Las flores del mal.

(2) Aherrojar: Poner prisiones de Hierro *

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