Como si algo los hubiera hecho despertar de un letargo, los candidatos presidenciales de los partidos Colorado y Nacional empiezan a lanzar propuestas con vistas a las elecciones de octubre.
Parecen haber abandonado la práctica de estar atentos a las ideas e iniciativas de las fuerzas progresistas para tergiversarlas y denostarlas, y han resuelto exponer las suyas propias; aunque también es de suponer que lo hacen pues han comprendido que el electorado espera propuestas programáticas concretas y las del EP-FA-NM están concitando la atención de los indecisos.
Es asà que después del anuncio hecho por el senador Astori de que una de las prioridades de un gobierno progresista es mejorar el nivel salarial de los funcionarios más sumergidos (docentes, salud, policÃas y judiciales), los partidos tradicionales adelantaron sus propósitos en caso de llegar al gobierno.
El nacionalismo promete llevar la jubilación mÃnima a tres mil pesos, mientras el coloradismo apunta a una rebaja de los aportes patronales del sector comercio y servicios. Independientemente de lo acertadas, erróneas, inapropiadas o irrealizables de las propuestas, cabe preguntarse por qué no las pusieron en práctica hasta ahora; por qué –si blancos y colorados han ocupado el gobierno desde hace casi cuatro lustros– no fueron capaces de impulsar las iniciativas y medidas que ahora proponen. Y el ciudadano tiene todo el derecho del mundo de dudar de las promesas, teniendo en cuenta la contumacia de los dirigentes de los partidos tradicionales en no cumplirlas; recuérdese al respecto el solemne compromiso de noviembre de 1999 que selló la alianza blanquicolorada mediante la cual el doctor Batlle llegó a la Presidencia.
Dentro del Partido Nacional, el sector Herrerismo conducido por el doctor Luis A. Lacalle lanzó hace unos dÃas sus diez “ideas posibles” que se propone llevar a la práctica en caso de que el doctor Larrañaga acceda a la Presidencia. Algunas de estas propuestas merecen que nos detengamos en ellas. Veamos.
En primer lugar, para abatir el gasto público, el Herrerismo propone reducir el número de ministerios de 13 a siete. No deja de sorprender el vuelco de ese sector en cuatro años, pues todos recordarán que fue el lacallismo el impulsor de la creación de un nuevo ministerio: el de Deporte.
Otra iniciativa interesante es la que refiere a la seguridad pública. Propone aumentar en dos mil el número de efectivos policiales y la construcción, mediante el sistema “leasing”, de nuevos centros de reclusión. De atacar las causas de la delincuencia, nada.
He aquà algunas de las brillantes iniciativas surgidas de la usina de ideas del continuismo. *
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