El "apartheid" económico en marcha
Los zulúes deben tal vez su desventurada suerte a la derrota inglesa en el Río de La Plata, que los lanzó sobre las costas africanas. El régimen racista sudafricano, el «apartheid», escandalizó al mundo. Para los negros, 28% de los ingresos totales del país. Y para el 13% de la población blanca el 61% de la renta nacional. La mortalidad infantil es cinco veces superior entre los negros.
El cada vez más sudafricanizado Uruguay cuenta con índices económicos que prueban la existencia de un «apartheid» económico en marcha. El 50% de los niños nace en hogares en condiciones de exclusión económica. Sus madres, la mayoría menores de edad, desocupadas, solteras, provienen también de hogares con carencias nutricionales, culturales, acumuladas en segunda y tercera generación… La desocupación afecta mayoritariamente a la juventud, los que constituyen las tres cuartas partes de la legión de parias que se han evadido de las pesquisas de los encuestadores…. De perpetuarse el modelo liberal, impuesto al país en estos treinta años, la sudafricanización del Uruguay será irreversible.
Al Uruguay para ser tan racista como Sudáfrica le faltan negros; la población negra no supera el 10% del total. Pero todos hemos sido testigos de vergonzantes desplantes a los negros, en conocidos cines o restaurantes céntricos. Pero también existe la segregación institucional. ¿Cuántos negros han llegado a oficiales superiores de las fuerzas armadas? ¿Cuántos negros gerentes de bancos conocemos? ¿Cuántos profesionales universitarios? ¿Cuántos directivos, siquiera socios, de la Asociación Rural? ¿O industriales socios de la Cámara de Industrias?
Los treinta años de «liberalismo» entre nosotros han intentado establecer la exclusión, el apartheid económico, para un número cada vez mayor de uruguayos. En estas tres décadas nos hemos acercado al modelo sudafricano. Los posmodernos «negreros», si no tienen negros, los fabrican… Por acumulación generacional de las carencias alimenticias y culturales, más de treinta años de miseria han afectado la talla y la complexión física de los individuos. Se ha generado un nuevo tipo de «negritud». Han creado personas de talla menor, tez macilenta que denota carencias proteicas intergeneracionales, problemas de salud dental crónicos, etc. Hasta los índices de mortalidad infantil varían de un grupo humano a otro. Bella Unión tiene seis veces más mortalidad infantil que Pocitos… Sudáfrica está al otro lado de la calle, en cualquier cantegril. Allí, en ese carrito recolector que se cruza con el Rover o BMW… o en esos niños que le pelean la basura a los perros de Carrasco; en el trabajo «en negro» que ofrecen los negreros beneficiados por la «desregulación laboral».
El recetario económico aperturista ha logrado desmantelar el aparato productivo industrial. Ha despoblado la campaña. Creó una plaza financiera corrupta dedicada a la expoliación usurera del aparato productivo, al fomento de importaciones suntuarias y, por último, a estafar a los ahorristas.
A las empresas públicas, al no poderlas enajenar, las han convertido en máquinas impositivas, sirviendo sus tarifas para trabar el desarrollo interno en vez de promoverlo. Coartando el desarrollo agroindustrial del país, su independencia energética; destruyen la industria cañera, desmantelan la división alcoholes, y arruinan Ancap con siniestras asociaciones petroleras. Los fondos de la Corporación para el Desarrollo, BROU, BHU, dilapidados en «emprendimientos» de los amigos del gobierno. ¡Claman por inversores extranjeros, que vengan a usufructuar de las inversiones ya consolidadas! Nadie habla de construir vías férreas, electrificar trenes, que desarrollen los puertos interiores, fomentar el cabotaje de nuestra rica red hídrica. Quieren lucrar con el agua corriente, el tendido eléctrico instalado, las mejores carreteras… Curros y más curros inventados por los amigos de lo ajeno. Este modelo excluyente se traduce del inglés. Es el apartheid impuesto por las minorías serviles que quieren jugar a los «africaners» (colonos ingleses en la patria zulú) con nosotros. Desde hace tres decenios se instrumenta una economía tumoral: el crecimiento enfermizo de un pequeñísimo sector a costa de la exclusión general. El carácter fatal de la miseria impuesta genera fuerzas de autodestrucción en lo profundo de lo seres vivos. La explosión interna de esas fuerzas induce al cáncer. Su manifestación consciente, al suicidio. El apartheid nos ha hecho campeones en ambos. El instinto popular se encamina hacia el tratamiento adecuado. No es casual, es la representación simbólica del drama humano, que el instrumento elegido para la redención nacional sea un oncólogo. Es hora de darnos una oportunidad de vida. *
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