Con el manual de la mala fe
Quienes el 9/11/1999 impulsaron el gobierno de coalición, no conciben la posibilidad de que a partir del próximo 1ro. de marzo, pierdan el usufructo de las parcelas de poder que suministra el aparato del Estado. Y ante la hipótesis de un resultado electoral que la confirme, no vacilan en apelar a todos los trucos que la escuela de la mala fe ha trazado a través de la historia.
Tal estrategia era previsible, por tratarse de estructuras partidarias que desde el siglo pasado han utilizado los bienes de la sociedad y los cargos públicos con fines proselitistas. Porque para los señores que forman parte de aquellas, trabajar en el descampado sin el calor que brindan las cuevas de la Administración Pública, siempre comportó una tarea que el destino había reservado inexorablemente a la oposición.
Han explotado las declaraciones de Julio Marenales en torno a la disolución de las cámaras, sin admitir que se trata de una opinión que hace un simple ciudadano en ejercicio de su libertad. Pero guardan silencio sobre las formuladas por el senador Pereyra de un mismo tenor, en la hipótesis que Larrañaga presidente, no contase con mayoría parlamentaria.
Recuérdese que en el plebiscito de Ancap, el candidato presidencial nacionalista sostuvo reiteradamente en todas las tribunas -con la evidente finalidad de desacreditar el instituto- que el costo de esa instancia electoral alcanzaba a ocho millones de dólares, en el mismo momento que la Corte Electoral confirmaba que era de dos millones de la divisa americana. Y con respecto a las manifestaciones del doctor Tabaré Vázquez, en el sentido de que dedicará breve tiempo en la supervisión de su clínica, ha servido para aseverar deslealmente que en el supuesto de ser electo, desatenderá sus obligaciones en Casa de Gobierno. Como le consta al lector, cualquier opinión extranjera en favor de la fuerza política que procura la transformación social y económica del país, ha dado pie para denostar a sus representantes, con denuncias de intromisiones indebidas en los asuntos internos. Pero con motivo del homenaje al General Aparicio Saravia guardaron silencio sobre la participación del embajador americano Martín Silverstein vestido de gaucho en los campos de Masoller. Es muy triste que la dirigencia nacionalista -especulando con el balotaje- haya omitido decir en los actos respectivos, que el levantamiento de 1904 respondió a la violación del Pacto de la Cruz en 1897, y olviden que las fuerzas de EE.UU. estaban prontas para intervenir, en la hipótesis que la revolución del caudillo blanco hubiese triunfado. Con acento sacerdotal, quienes aconsejaron votarlo y formaron parte de la Administración Batlle, difunden alegatos en torno a la democracia, representación proporcional y derecho de las minorías, pero en los hechos niegan la información al Parlamento, impiden que la Asamblea General trate las observaciones del Tribunal de Cuentas y nunca le reconocieron a la izquierda la representación que constitucionalmente le corresponde en este último organismo, Corte Electoral, Entes Autónomos y Servicios Descentralizados. Y no vacilan en practicar un grosero culto a la incongruencia, cuando critican el costo faraónico de la Torre de Antel, soslayando que esa obra contó con la conformidad del representante de la 15 y del actual senador doctor Francisco Gallinal. Se arrogan el papel de fiscales para todo lo que dicen o hacen los dirigentes del FA-EP, pero sieguen sin explicar por qué el programa que les permitió ganar en las elecciones de 1999, se mantiene inmovilizado en los pasillos del incumplimiento, como tampoco por qué han de ser creíbles en el 2004, cuando no hacen más que reiterar las mismas promesas de hace cinco años. Pero llegan a la cúspide del cinismo, cuando se lavan las manos o miran para otro lado, con respecto a los índices de pobreza, indigencia, desocupación, inseguridad pública, endeudamiento y todos los flagelos que la dirigencia blanco-colorada ha de transferirle al futuro gobierno.
Se escandalizan porque se denuncia que la mayoría de los medios de comunicación violan la equidad y el trato imparcial que merecen los partidos cuando se trata de un hecho sobre el cual toda la población puede testimoniar. Pero no se preocupan que el Foro Batllista a través de uno de sus voceros, haya calificado de corruptos y personas al margen de la ley, a los policías que en las internas no votaron al ex Ministro del Interior.
Finalmente debe señalarse que pontificaron en favor de las transparencia, pero hasta ahora no explican por qué dolarizaron el país, quiénes retiraron sus depósitos bancarios antes de la devaluación, cómo se llaman los grandes deudores del Banco República, y qué porción del territorio nacional se encuentra en la órbita de las sociedades anónimas. *
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