La fachada mediática de la globalización
Se informó recientemente de una iniciativa del presidente venezolano Hugo Chávez, difundida por su ministro de Comunicación, Andrés Zarra, en el sentido de crear una red gubernamental de televisión para la región. Aparentemente, el tema habría sido tratado con el presidente brasileño, y también estaría en conocimiento del mandatario argentino.
Como era de esperar, la idea de crear «TV Sur», una cadena televisiva estatal regional, levantó la inmediata reacción en contra de los grandes medios no sólo de su país sino también de los de estos lares. Parecen olvidar que desde que Chávez llegó a la presidencia los grandes medios venezolanos le han declarado la guerra y no vacilan en apelar a los recursos más viles para desestabilizar a su gobierno democrático. No se trata de que la televisión privada venezolana no lo elogia: se trata de que se ha convertido en su enemigo declarado manipulando la información, tergiversando los hechos u ocultándolos cuando éstos perjudican la causa de los golpistas.
Vale la pena transcribir parte de unas reflexiones de Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, para no perder de vista el papel que desempeñan los grandes medios: «En Venezuela, los principales grupos de prensa, radio y televisión han desatado una verdadera guerra mediática contra la legitimidad del presidente Hugo Chávez. Mientras que éste y su gobierno se mantienen respetuosos al marco democrático, los medios de comunicación, en manos de un puñado de privilegiados, continúan utilizando toda la artillería de las manipulaciones, las mentiras y el lavado de cerebro para tratar de intoxicar la mente de la gente. En esta guerra ideológica, han abandonado por completo la función de ‘cuarto poder'; pretenden desesperadamente defender los privilegios de una casta y se oponen a toda reforma social y a toda distribución un poco más justa de la inmensa riqueza nacional. (…) Estos grandes grupos no sólo se asumen como poder mediático, constituyen sobre todo el brazo ideológico de la mundialización, y su función es contener las reivindicaciones populares que tratan de adueñarse del poder político.(…) La ‘guerra sucia mediática’ librada en Venezuela contra el presidente Hugo Chávez es la réplica exacta de lo que hizo, de 1970 a 1973, el periódico El Mercurio en Chile contra el gobierno democrático del presidente Salvador Allende, hasta empujar a los militares al golpe de Estado. Campañas semejantes, donde los medios de comunicación pretenden destruir la democracia, podrían reproducirse mañana en Ecuador, Brasil o Argentina contra toda reforma legal que intente modificar la jerarquía social y la desigualdad de la riqueza. Al poder de la oligarquía tradicional y al de los típicos reaccionarios, se suman actualmente los poderes mediáticos. Juntos -¡y en nombre de la libertad de expresión!- atacan los programas que defienden los intereses de la mayoría de la población. Tal es la fachada mediática de la globalización. Revela de la forma más clara, más evidente y más caricaturesca la ideología de la mundialización liberal». *
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