Las AFAP como el Rotweiller
Tiempo atrás, un amigo me preguntaba ¿hasta cuándo vas a seguir escribiendo sobre las AFAP? Quizás tenía razón. ¡Cuántas notas he realizado sobre estas tristemente célebres sociedades anónimas, que convertían a la seguridad social en herramienta financiera ignorando su verdadera esencia de derecho humano fundamental!
Admito que la mayor parte de ellas era teoría pura. Lo cual me generaba la sensación de que a la gente poco le importaba el tema. Por eso machacaba y machacaba acerca de las repercusiones negativas que para el futuro de los trabajadores tendrían estas corporaciones. ¡Y vaya si lo son! ¿O acaso se ignora que han hecho lobby, y siguen haciéndolo, para que se les permita invertir en el exterior? ¿Me van a hacer creer que invertir afuera es más seguro que hacerlo dentro del país?
Hoy todo el espectro político habla de ellas. Y personalmente me invade una sensación positiva. Por fin, me digo a mí mismo, salta al tapete la peligrosidad de este invento. Los últimos acontecimientos respecto de las inversiones de las AFAP demuestran varias cosas. En primer término, los que posibilitaron de que a cada trabajador se le expropie veintiún pesos de cada cien, lo que da 79 u 80 (obsérvese que si se hubiera puesto esa plata en un banco cualquiera, hubiera generado algunos pesos de ganancia), lo que fue un gran negocio para sus propietarios, los bancos. Basta ver las cifras de ganancias que han tenido en los años 2002-2003.
Y en este verdadero cambalache de disparates políticos resulta que los que propiciaron la instalación de los grandes negociantes de los derechos humanos de la seguridad social, hoy de golpe y porrazo se transforman en defensores de los trabajadores, y los que se opusieron, con excepciones, son los que atentan contra los asalariados. ¡Ah si viviera Discepolín! ¡Tendría letra para rato!
Hacemos memoria y el disparatario se completa cuando recordamos que los que decían a los cuatro vientos que con el dinero de las AFAP se generaría ahorro, se invertiría en el desarrollo del país productivo, hoy furibunda, rabiosa y desesperadamente salen a decir, gritar más bien, que no se puede invertir parte de los mil trescientos millones y pico de dólares que administran las AFAP porque ello atenta contra el dinero de los trabajadores.
Sigamos haciendo memoria. ¿Recuerdan cuando el señor Presidente de la República dijo tiempo atrás que las AFAP eran como los Rotweiller, que cuando te muerden no te largan? Coincido totalmente con ese concepto. Pero resulta que hoy el doctor Batlle, haciendo política partidaria, sale a la luz pública para criticar una propuesta que él mismo, cuando no era Presidente, promovió. (El primer mandatario era el doctor Sanguinetti). Tanto, que fue el abanderado para traer a Montevideo a José Piñera, uno de los ideólogos de la dictadura de Pinochet, que instaló algo parecido a nuestras AFAP en Chile. Y esto no es invento. Es historia pura.
Uno de los integrantes de la familia Peirano, no sé cuál ni importa por otra parte, fue director de una AFAP. Otro personaje que no tiene desperdicio por lo que hizo y sigue haciendo, un integrante de la familia Röhm, tampoco sé cuál ni importa, también dirigió una AFAP. Y suma y sigue. Sería de no terminar en esta acumulación de infamias y falsedades.
En fin, de alguna forma me siento tranquilo.
Cuando pienso que se me acusaba de ser reiterativo con el tema AFAP, hoy creo más que nunca en aquella teoría escrita durante años en este diario, hoy las pruebas están sobre la mesa.
Y toda esta payasada que han inventado los sectores oficialistas ha servido para el desenmascaramiento de actitudes que tienen un designio muy claro: la defensa del statu quo para la mayor gloria de los poderosos y la desgracia de los perdedores en esta sociedad, que cada vez tiene más excluidos. Razón tenía el Presidente cuando evocó al Rotweiller. *
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