Washington, cuando judíos y palestinos llegaron a un acuerdo de paz
13 de setiembre de 1993
Un apretón de manos histórico entre el primer ministro de Israel, Isaac Rabin, y el presidente de la Organización para la Liberación de Palestina, Yasser Arafat, selló hoy, a las 11.47 (hora local) la paz en la convulsionada región.
Bajo el resplandeciente sol de fin de verano, los jardines de la Casa Blanca lucían sus mejores galas. En ese entorno, el anfitrión y artífice del tratado, el presidente estadounidense Bill Clinton, propició el gesto amistoso entre los hasta ayer enemigos irreconciliables.
Quien tomó la iniciativa fue el líder palestino al tender su diestra al premier israelí. Este dudó unos instantes y –aunque no de muy buena gana– terminó por aceptarla. Bill Clinton puso entonces sus manos sobre las espaldas de los enemigos reconciliados, como empujándolos y transmitiéndoles energías para soportar con coraje el difícil trance.
El tratado ratificado hoy significa una real esperanza de paz para el Cercano Oriente y el comienzo de una coexistencia pacífica entre dos pueblos que habían convivido en el odio y la hostilidad.
Se ha establecido que los palestinos de la Franja de Gaza y Cisjordania elegirán un consejo administrador de la autonomía que durará no más de cinco años, al tiempo que los israelíes comenzarán su retirada de los territorios ocupados. Paulatinamente los palestinos irán asumiendo funciones de gobierno que la autoridad militar israelí irá abandonando.
El presidente estadounidense advirtió sobre la importancia del acuerdo logrado. «Bienvenidos a esta gran ocasión histórica y de esperanza», señaló Clinton, quien agregó: «Hoy somos testigos de un acontecimiento extraordinario, de uno de los momentos decisivos de la historia».
Nuestro corresponsal quedó impactado por la eficiencia y simpatía de una de las secretarias de Clinton, una becaria llamada Monica que ofrecía café y habanos a las personalidades allí reunidas. *
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