Campañas mediáticas

Hay quienes creen que con la manipulación mediática se puede controlar el comportamiento masivo de las personas a la hora de votar. Sin embargo ese es un axioma limitado. La manipulación informativa puede limitar agendas políticas, pero de ninguna manera, torcer la esencia de las decisiones de la gente.

El ejemplo de Uruguay es, sin duda, clarificante. Aquí los partidos tradicionales lograron, en base a un flechado otorgamiento de las ondas de radio y TV, tener a la mayoría de los permisionarios de las ondas dentro de su control político. Paralelamente, la prensa escrita, mayoritariamente, refleja los intereses de los partidos tradicionales, quedando fuera de ese grupo el diario LA REPUBLICA, sin duda un ejemplo distinto y aleccionante, de pluralismo democrático.

¿Para qué todo esto? La encuesta publicada por LA REPUBLICA en una edición anterior demuestra como todo ese poder mediático de poco le ha servido a los partidos tradicionales y, menos aún, al propio gobierno, incapaz de lograr que su candidato supere el peor lugar en la tabla elaborada por las empresas que analizan el estado de la opinión pública.

Por ello se hace necesario, en las fuerzas populares, analizar a fondo el problema, observar el real poder mediático de los medios informativos, para no exagerar posiciones y menos aún, derrochar pólvora en chimangos.

El optimismo de las élites políticas enclavadas en el poder estructural que significa el usufructo del gobierno, tras lo cual está el dinero, el monopolio de los medios de comunicación y respaldo de Washington, les impidió ver el camino en más de una ocasión. No advirtieron que el trabajo de una organización colectiva consciente puede ser un contrapeso formidable a los recursos de que disponen los más favorecidos.

Por ello, aparecen equivocadas las actitudes de algunos que sienten que se debe adoptar el discurso del «neoliberalismo» como una manera de neutralizar a los medios de la derecha durante el período preelectoral. Se sigue sin reconocer que las elecciones se pueden ganar a pesar de la oposición de los grandes medios de comunicación si antes la organización y la lucha política, han creado la conciencia social apropiada.

En Venezuela -para enfrentarnos a un ejemplo concreto – la derecha controla el 90% de las principales cadenas de televisión y medios de prensa, y la mayor parte de las principales estaciones de radio. No obstante, Chávez ganó el referéndum con un margen del 18% (59% contra 41%). Estos resultados muestran que con organizaciones políticas potentes organizadas en torno a luchas por las reformas sociales se puede crear una conciencia política y social inclaudicable que permita rechazar con facilidad la manipulación mediática.

Por supuesto que ello no es todo. Está la lucha ideológica que se debe mantener siempre en alto, cuestionando a cada momento las posiciones que se quieren introducir en la mente de las personas, induciéndoles un comportamiento más afín a los intereses de los partidos que siempre han detentado el poder en nuestro país.

Qué estimemos que las campañas mediáticas no cambiarán la decisión de la gente, es también dar por entendido, que todos desde su lugar en la sociedad, sean dirigentes políticos como periodistas, etc., deben trabajar constantemente, sin bajar en ningún momento la guarda, rechazando los intentos de manipulación informativa y, por supuesto, denunciando las campañas destinadas a disparar los sentimientos más primitivos, como el terror. Sin duda, tal como se ha visto, ese es el intento estratégico de los ideólogos mediáticos de los partidos tradicionales, que también creen que su poder político sobre la mayoría de los medios de comunicación, servirá -a través de campañas cuidadosamente armadas- para que el dramático cambio que se decidirá el 31 de octubre, sea menos doloroso para sus colectividades.

Pero, se equivocan. *

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