La derecha y los cucos

Ya nos hemos ocupado del tema en más de una ocasión, pero consideramos necesario volver a hacerlo, dado que la derecha insiste en él y lo ha convertido en uno de los pilares fundamentales de su discurso.

Huérfana de ideas y de iniciativas creíbles, la derecha ha optado definitivamente por un viejo recurso: el de atribuir a la izquierda una vocación antidemocrática y totalitaria. Se trata de hacer aparecer a las fuerzas progresistas como impregnadas de stalinismo; que la opinión pública perciba al partido del cambio como un demonio que destruirá el modo de vida uruguayo.

En los últimos tiempos, algunos hechos –expresiones de personalidades vinculadas al EP-FA-NM– han sido manipulados y tergiversados para abonar la tesis de que un triunfo de esa fuerza política implicará un cercenamiento de las libertades públicas y un apartamiento de la institucionalidad democrática.

Primero fue la idea de crear un Ministerio de las Comunicaciones, lo que generó una andanada de airadas respuestas y fue inmediatamente utilizado para sugerir que con un gobierno progresista se conculcaría la libertad de prensa.

Más tarde, una entrevista a un dirigente del MLN activó la segunda bomba. Este había sugerido la posibilidad de que el gobierno progresista –en caso de no contar con mayorías especiales en el Parlamento– podría disolver las Cámaras y llamar a elecciones legislativas. Este mecanismo, que existe en regímenes democráticos como el francés, no está previsto en nuestra Carta salvo en el caso particular de censura a un ministro, por lo que en los hechos es impracticable en nuestro país. La idea, lanzada a título personal, es en un todo ajena al programa encuentrista así como a sus postulados. No obstante, los voceros de las fuerzas conservadoras no perdieron la oportunidad para instalar la alarma advirtiendo una vez más del peligro que acecha a la democracia uruguaya en caso de un triunfo progresista.

Y finalmente el jueves, el candidato presidencial colorado dedicó buena parte de su discurso electoral en Cerro Largo a atemorizar a la población con un supuesto «proceso de anarquización regional» que reproduciría el fenómeno «piquetero» en nuestro país.

No seremos invadidos por tanques soviéticos ni corremos el riesgo de que nuestros hijos sean deportados a La Habana, como se advertía en 1971. Pero la esencia del discurso conservador sigue siendo la misma. Aterrorizada por la posibilidad de perder sus privilegios, la derecha traslada su terror a la población mediante fábulas y tergiversaciones. *

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