Coherencia ética del discurso progresista
Poniendo fin a otra etapa de su quinta recorrida política a lo largo y ancho del país, los candidatos progresistas Rodolfo Nin Novoa y Tabaré Vázquez expusieron ante un público numeroso y enfervorizado, sus fundamentaciones políticas.
Lo hicieron de manera directa, polemizando con ideas expuestas por sus adversarios y corrigiendo deformaciones y deslices transmitidos por grandes medios que moldean la información en forma sesgada, desvirtuando u ocultando el contenido del mensaje de las fuerzas de la renovación política.
El clima del acto, no obstante el entusiasmo del público, tuvo por momentos un tono especialmente sereno, convocando a la reflexión sobre algunos puntos que son decisivos en el curso de las instancias democráticas que atraviesa el país.
De los muchos y trascendentes temas examinados por los dos oradores, nos detenemos especialmente en las consideraciones del doctor Tabaré Vázquez acerca del papel actual que cumple el poder concentrado que maneja a la mayor parte de los medios de comunicación de masas.
A través de una serie de ejemplos demostró cómo los medios actúan de manera unilateral, ignorando o caricaturizando el contenido de las propuestas programáticas del FA-EP-NM. La paradoja que constituye el hecho de que en algunas páginas se deforma lo expresado por la izquierda y en otras se dice que «carece de tales propuestas».
En una sociedad como la uruguaya actual, con índices de desintegración social elevados, con un cierto debilitamiento de las formas sindicales, barriales, estudiantiles y profesionales de aglutinamiento y socialización de noticias y elaboración de opiniones, es evidente que los medios de comunicación de masas, que cubren todos los rincones del país y alcanzan al ciudadano en la privacidad de su hogar, adquieren una enorme importancia.
Aunque a veces, excepcionalmente, ocurre lo contrario, el ámbito doméstico, sin aportes de otras fuentes que no sean con las que nos inunda la televisión, no es el lugar especialmente propicio para el intercambio y la formación de opiniones políticas. Más bien que tendemos a absorber pasivamente visiones fragmentarias y comentarios simplificadores y conformistas por parte de quienes conducen los informativos.
El asunto examinado largamente en la jornada de ayer por el doctor Vázquez tiene una importancia excepcional. Lo fue así en otros momentos, como durante la recolección de firmas y la campaña en defensa de Ancap.
Y lo tiene ahora en forma especialmente agravada cuando en cincuenta días se pondrán en manos de la soberanía popular, expresada libremente en las urnas, asuntos decisivos para la vida y el futuro del país.
Vázquez reclamó un tratamiento de respeto y equidad para la fuerza política que más apoyo popular ha concitado en los últimos años, denunció las deformaciones a las que se acude reiteradamente para descalificarla y la necesidad de que no vuelva a suceder lo que ocurrió en 1999, cuando los candidatos del continuismo cuadruplicaban o quintuplicaban su presencia en los medios frente a las escasas posibilidades de participación que se brindaba a los que defendían la candidatura de Tabaré y las fuerzas del cambio progresista.
Otro punto destacado en la exposición de Vázquez remite a la necesidad de ganar conciencias más que votos. No se trata de ganar votos a cambio de una bolsa de portland o de unos bloques, sino de conquistar nuevas conciencias de gente de pueblo que se sume a la lucha y a la movilización por el cambio.
La coherencia ética del discurso progresista, la relación estrecha entre un programa de acción económica y las políticas para sacar al país de la emergencia social que padece, las líneas de acción formuladas en su programa, «que será como una Biblia para el próximo gobierno» muestran las aristas de un estilo y unas pautas de construcción política que avanza sin prisa pero sin pausa, con entusiasmo y serenidad, de manera incontenible y sin triunfalismo ni arrogancia, hacia la conquista del gobierno. *
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