La movilización de la memoria
Las responsabilidades solidarias e indivisibles derivadas del gobierno de coalición, no podrán ser olvidadas por quienes el 31 de octubre deberán decidir qué país queremos a partir del 1/3/2005. Porque al margen de que el liderazgo de esta administración ha sido ejercido por razones obvias por el doctor Jorge Batlle, debe admitirse que la inmensa mayoría de sus decisiones en materia económica fueron avaladas por ministros, legisladores y representantes nacionalistas en todos los organismos del Estado. Y ante esta lapidaria realidad, debe concluirse que la ciudadanía tiene dos claras opciones cuando ese día deba emitir su voto.
Por una vereda transita el eje Stirling – Larrañaga, acompañada cada candidatura por una conocida lista de hombres públicos que formaron parte del gobierno que hoy agoniza y donde todos ellos –sin excepciones– apoyaron políticas inscriptas en una ortodoxia neoliberal, en la que el endiosamiento a las fuerzas del mercado desencadenó el colapso que hoy acogota al pueblo. Y como los hechos con su categórica elocuencia, han demostrado el fracaso total y absoluto de esa escuela filosófica –que sólo beneficia a los dueños del dinero– postulan desesperadamente dinamitar ese reciente pasado, con la finalidad de que el decontento popular no los atrape.
Se supone que el intelecto crítico de la gente se subleve ante esa estrategia de lavarse las manos como lo hizo Poncio Pilatos en la crucifixión de Jesús, porque comportaría un error histórico que la exitosa manipulación alienada del discernimiento humano nos trasladase a un nuevo continuismo. Por ello es fundamental que la memoria y el razonamiento operen en un mismo cauce, única forma de alcanzar una decisión lúcida, que sustraiga a la República de la vergüenza que significa que en un territorio que puede dar de comer a diez millones de personas, tenga cien mil indigentes, la pobreza azote al 53 por ciento de los niños que nacen, y la miseria crezca como una hiedra.
Hay que recordar que la dirigencia nacionalista, en su alianza con el coloradismo, se hizo cómplice para que la opinión pública no se enterase del abultado déficit fiscal dejado por la administración del doctor Julio M. Sanguinetti, pasivo de novecientos millones de dólares, que desencadenó los ajustes fiscales, con la creación de nuevos tributos y el incremento de los existentes. Pero además, con pleno conocimiento de quién se trataba, ordenaron a sus correligionarios votar por un hombre que luego del fallecimiento de su padre, señor Luis Batlle, trazó una línea inequívoca a favor del fundamentalismo capitalista.
Hoy los protagonistas del gobierno de coalición recorren el suelo patrio con programas que en rigor se asimilan a las promesas que con bombos y platillos formularon en noviembre de 1999, pero guardan silencio por qué aquellas siguen incumplidas, cuando han contado con mayorías parlamentarias para concretarlas. Y si se observa el contenido de los discursos, se comprobará que los construyen con frases trilladas, donde la ambigüedad oficia de truco o coartada, para dejar conformes a los variados auditorios con disímiles convicciones.
A esta altura de los acontecimientos –en un marco donde los resultados de las políticas neoliberales economizan toda argumentación para enjuiciarla– confiemos que la sensatez de la ciudadanía prevalezca con la fórmula Tabaré-Nin.
Porque en definitiva, el cometer errores es cosa natural; lo que sí es imperdonable es reincidir en ellos con conciencia y voluntad. *
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