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Un grupo de personas se hizo presente frente a la residencia presidencial para expresar su desagrado por la visita de un jerarca del FMI. Allí, los manifestantes –además de corear clásicas consignas– procedieron a quemar una bandera de EEUU y la emprendieron a puntapiés contra el auto que llevaba al ministro de Economía a la reunión entre el Presidente de la República y el director del organismo de crédito internacional.

Parece ocioso recordar nuestra posición de rechazo al imperialismo y a los organismos que a él responden; no es necesario volver a expresar nuestra denuncia del modelo neoliberal, responsable de la miseria y exclusión que padecen cada vez más uruguayos y ciudadanos del tercer mundo en general.

Pero con la misma energía, también debemos condenar un comportamiento incivil indigno de militantes de izquierda. En primer lugar, porque nos repugnan los métodos patoteriles; no es admisible perseguir un fin, por noble que sea, apelando a medios innobles.

Y en segundo lugar, porque se trata de una torpeza política inconcebible cuando faltan apenas dos meses para las elecciones nacionales en las que muy probablemente las fuerzas progresistas obtendrán el triunfo. *

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