El presidente del FMI: una visita siempre indeseable
En julio de 1944, al final de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos lideraron la creación del Fondo Monetario Internacional. En su propia tierra, los norteamericanos conjuntaron la voluntad de 44 países y con el patrocinio de la Naciones Unidas impulsaron la creación de un organismo que los pusiera a salvo de lo ocurrido con la gran depresión de la década del 30. La entidad financiera se fijó como objetivos prioritarios funciones que podemos considerar hasta angelicales y que no dicen hasta dónde pueden llegar en la realidad:
a. Una función reguladora, de guardián o vigilante del comportamiento monetario internacional.
b. Una función crediticia, orientada a proporcionar asistencia financiera a los países miembros para solucionar problemas de balanza de pagos.
c. Una función consultiva, de asesoramiento y de asistencia técnica, así como de foro permanente para la discusión de los problemas monetarios internacionales.
El resumen de los cometidos del FMI no dice ni por asomo que los compromisos asumidos por quienes recurren a su asistencia financiera deben, en muchos casos y como sucede con nuestro país y para pagar aunque más no sea los intereses de la deuda, dejar morir a sus hijos de hambre, terminar con la asistencia pública de salud, deteriorar en forma sistemática la enseñanza y terminar, gradualmente, con el sistema de seguridad social. La estatura del gendarme financiero global, es compartida por el Banco Mundial.
Pero no todas las culpas son el FMI, que como buen vigilante monetario invade haciendas y soberanías. Los gobiernos son en todo caso los principales culpables de la hipoteca de sus pueblos y nosotros hace ya unas cuantas docenas de años que no somos ni solventes ni libres.
Es por ello que la dirección de esta clase de organismos es elegida con mucho cuidado porque en cuestiones financieras en muchos casos importa más la filosofía del manejo que la moral de quien dirige. Hoy el FMI tiene como director gerente al español Rodrigo de Rato Figaredo, madrileño del PP y ministro de Economía y Hacienda del gobierno de Aznar desde 1996 al 2000. En este año, Aznar le quitó la administración de Hacienda y lo degradó de primer Vicepresidente a segundo.
Algo se veía venir el ex presidente «pepista», dado que en el 2001, eclosionó el escándalo de Gescartera, algo parecido a la aventura financiera vivida por Uruguay a manos de los hermanos Röhm y la familia Peirano. El escándalo financiero salpicó al Partido Popular. Gescartera había sido inscripta en la Comisión Nacional de Mercado de Valores aunque no reunía los requisitos para ello. Los generosos regalos y participaciones en las empresas del grupo no impidieron el escándalo financiero en el que se vio implicado Rodrigo de Rato Figaredo, integrante de una familia que maneja más de 50 empresas y factura alrededor de 36 millones de euros anuales.
El hoy Gerente-Director del FMI, de estrecha amistad con Aznar, intentó en un mal momento político de «Pinocho» Rajoy y de Mayor Oreja, postularse a la sucesión del ex presidente en la conducción del PP. Pero los coletazos del crac financiero y la inestabilidad de la macroeconomía española, decidieron a Aznar a nombrar sucesor a Rajoy el 3 de setiembre de 2003. Además, el HSBC (Hong Kong and Shangai Banking Corporation), el tercer banco del mundo, está acusado de haber evadido de España los depósitos de 1.383 ahorristas sin consentimiento de estos y estar relacionado al grupo económico de Rodrigo de Rato Figaredo por haber asistido a una empresa de su grupo familiar fuertemente endeudada, lo que tiende a suponer que la entidad financiera captora de los ahorros desviados, actuó con la complicidad del Ministerio de Economía de Aznar, conducido por Rato Figaredo, hoy Presidente del FMI. Durante el mandato de Aznar, el PSOE acusó en forma casi permanente a Rodrigo de Rato de realizar actividades incompatibles paralelas al desempeñar el Ministerio de Economía e involucrar los intereses de las empresas del clan familiar, como lograr préstamos de Argentaria o contratar publicidad por montos millonarios con Repsol para el imperio de comunicaciones que posee la familia desde que el Generalísimo Franco asignara varias ondas de radio a su abuelo en 1941. En suma, Rodrigo de Rato Figaredo es acusado de favorecer los intereses familiares desde su cargo de ministro y diputado del PP.
En junio de este año, Rodrigo de Rato Figaredo llegó al Fondo Monetario Internacional elegido por el Directorio Ejecutivo del mismo. El nuevo Presidente es el símbolo de lo que significa la filosofía del organismo. Si leemos las finalidades de creación del mismo podemos confundir la realidad. Hoy al FMI no le interesa un pito la asistencia a las naciones que tienen problemas sociales. Solamente intenta que la política económica de los países destinatarios de sus préstamos no se desvíen de lo que «sugieren» los paternales consejos que repiten sus cartas intención: privatizar todo lo que se pueda, restringir los gastos sociales, no tomar la educación como una inversión, sino como un gasto suntuario y priorizar el reino de las finanzas al trabajo, al desarrollo y a la productividad. Rodrigo de Rato Figaredo, auténtico representante de la oligarquía española, nacido en cuna de oro y descendiente de nazi-fascistas fanquistas, es el hombre indicado con el que seguramente, los gobernantes uruguayos seguirán acordando. *
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