Semillas de esperanza
En un «Salón Azul» de la IMM totalmente colmado, con muchos asistentes de pie, el 23 de agosto pasado el EP/FA hizo público su programa de gobierno en pos de un «país productivo con justicia social». De mañana Tabaré Vázquez, y por la tarde varios senadores de la fuerza política, expusieron con detalle el conjunto de medidas que se llevarán a la práctica una vez que se acceda al gobierno nacional.
Particular relevancia se les dio a las que refieren a la promoción agro industrial –sectores sobre los que todos coincidieron son los motores principales de nuestra economía– y muy especialmente a las orientadas a incentivar el desarrollo agropecuario. Dentro de este «paquete», especial destaque recibió el Instituto Nacional de Colonización, considerado como una de las herramientas fundamentales para la construcción de un nuevo Uruguay.
Después de más de medio siglo en el que sucesivos gobiernos desaprovecharon lastimosamente las virtudes de esa formidable herramienta para «distribuir racionalmente la tierra y mejorar el bienestar del trabajador rural», dejando que la campaña se vaciara y que gran parte del territorio quedara en manos de especuladores y de extranjeros, es motivo de regocijo y esperanza observar que el INC recibe del EP/FA la consideración que efectivamente merece. Que la sociedad uruguaya a través de esta fuerza política toma conciencia de la necesidad mantener en su medio a la ya escasa población rural existente y de «humanizar» una campaña cada día más despoblada y envejecida.
Es alentador ver cómo en la política de colonización, a contrapelo de lo hecho hasta el momento, se asigna prioridad a los trabajadores rurales desocupados, a los zafrales y a los pequeños productores que estén por debajo de la línea de pobreza, toda una reformulación de objetivos que rescata el mensaje original del reglamento de tierras artiguista: «que los más infelices sean los más privilegiados». Resulta irónico que una fuerza política acusada de urbana y capitalina por sus adversarios, sea la que le asigne a la política de tierras y al I.N.C. el papel de «viga fundamental» de la estrategia del desarrollo rural del país.
Hacemos votos para que a estas semillas de esperanza sembradas el otro día, no les falten los cuidados necesarios y se conviertan en robustas realidades. *
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