Docentes de Secundaria ante la violencia en los liceos

Una propuesta muy atendible

n nuestra edición del martes pasado se informa de la propuesta emanada de la Asociación de Docentes de Enseñanza Secundaria (ADES) y dirigida a las autoridades de esa rama de la educación, aportando medidas concretas con el fin de combatir las conductas violentas verificadas en los liceos públicos. La iniciativa debe ser bienvenida por cuanto el tema de la violencia en la sociedad sigue motivando alarmadas expresiones de las autoridades y reuniones de grupos de trabajo cuyas conclusiones no se conocen, si es que existen.

Del mismo modo que el problema del incremento de la violencia en los espectáculos deportivos tampoco ha hallado respuestas valederas de parte del Estado (a lo único que se atina es a reforzar la presencia policial en los campos de juego o a crear castigos a ciertas inconductas), tampoco parece que se analicen las causas del comportamiento violento que están exhibiendo los jóvenes liceales.

No nos corresponde a nosotros –no somos sociólogos ni psicólogos sociales– señalar a las autoridades cuál es el origen del fenómeno. Pero sí es un deber como ciudadanos apuntar algunas reflexiones para el abordaje del problema.

Es un hecho innegable que la violencia es un componente del alma humana. Desde las sociedades primitivas que intentaban aplacar la ira de los dioses ofreciéndoles la vida de algún miembro de la colectividad como víctima expiatoria, hasta las guerras y otras calamidades, los seres humanos apelan con demasiada frecuencia a métodos violentos para resolver los conflictos. A diferencia de los animales, que ejercen la violencia sólo para las cuestiones vitales elementales (por lograr los favores de la hembra en celo, por ejemplo) los seres humanos emplean la violencia prácticamente en todas las situaciones de la vida cotidiana.

Dicho esto, también es innegable que ciertos sistemas económico-sociales son más aptos que otros para generar respuestas violentas en el relacionamiento de sus integrantes. Creemos que no caben dos opiniones respecto de que el West Way of Life –por llamar de algún modo al sistema de valores imperante en el mundo globalizado de este fin de siglo, que ha terminado por hacer suyos los «ideales» de Occidente– conlleva una considerable carga de violencia.

En primer lugar, se trata de un modelo excluyente, que promueve conductas insolidarias al fomentar el individualismo más exacerbado. Al estimular el consumismo como valor supremo –apelando a medios lícitos e ilícitos– se ha instalado en forma aparentemente definitiva el tanto tienes, tanto vales, al punto que la duda hamletiana de ser o no ser ha sido remplazada por tener o no tener. Cuando desde los mass media se promueve a los bienes materiales al rango de valor supremo en perjuicio de los ideales morales, a nadie debería asombrar el comportamiento violento de muchos miembros del colectivo social.

La propuesta del gremio docente debe ser escuchada con suma atención pues es –hasta ahora– la única respuesta seria, coherente y factible al problema. La iniciativa de crear equipos multidisciplinarios en todos los establecimientos de enseñanza puede lograr la imprescindible continentación de los adolescentes, que sufren por reflejo la angustia de los adultos. El documento de ADES propone asimismo la organización de actividades extracurriculares como forma de despertar el interés de los jóvenes canalizando sus inquietudes hacia tópicos más provechosos. Se sugiere también la adecuación de las bibliotecas y de las salas de lectura, así como salones multiuso para actividades recreativas.

Es hora pues, de que la alarma y el asombro dejen paso a propuestas concretas, como ésta de los docentes.

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