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Sin desmedro del valor y la presencia de otras organizaciones cooperativas, Fucvam luce el testimonio de sus años y la imagen de modelo que trasciende fronteras.

Cuarenta años al servicio de la sociedad uruguaya, con una pujanza y entereza más o tan duradera como los cimientos de las viviendas que ha sembrado por doquier. Hogares garantes del derecho humano y constitucional que van ubicando con dignidad a personas y familias. Bastaría imaginar un Montevideo sin Fucvam para darse cuenta de la importancia cualitativa y cuantitativa de su presencia en nuestra sociedad.

Quienes recuerdan pueden atestiguar que técnicos cooperativistas suecos de la vivienda, que vinieron en su oportunidad a fiscalizar la obra de Fucvam, volvieron a su país recomendando que se llevara allá a los cooperativistas de Fucvam para enseñar sus conocimientos y sus métodos. Eran maestros, no aprendices.

El esfuerzo debe continuar con empeño redoblado. La situación económica y social se presenta como un desafío constante y creciente. Exige –y exigirá más– el trabajo de modelo cooperativo por las facilidades prácticas que implica, pero sobre todo, exige un ámbito solidario y fraterno que Fucvam ofrece.

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