Democracia de tres botones

Escribe Pereyra Manelli *

En las vísperas electorales de octubre próximo pasado algunos políticos de alta rotatividad actuando con un formidable sentido común electoral –que, vaya si les dio frutos– negaron a los cuatro vientos que Uruguay enfrentaba una fortísima recesión económica muy parecida al descalabro previo al abandono del estado de bienestar, si es que nadie padecía de malestares crónicos.

También nos dijeron sin muchos miramientos por si no nos dábamos cuenta, que estábamos en las puertas del Paraíso mientras anunciaban rebosantes de optimismo, una primavera muy bella poblada de pimpollos y trinos de múltiples pajaritos.

Pero, apenas sentados en la poltrona oficial hablaron de un gobierno alegre que nosotros, sin abandonar nuestro banquillo, habríamos de disfrutar hasta los últimos cromosomas.

Y, sin más ni más, para comenzar a sonreír nos zamparon la ley de urgente consideración que, como inicio de un calvario ciudadano, es peor que el de Jesús, porque somos muchos los congregados que estamos en los últimos extertores por los castigos recibidos.

A la muda y a la callada armaron una mayoría bien regimentada que funciona al apretar uno de sus tres botones correspondientes a la abstención, al si o al no, según el capricho o el antojo de los encargados de alumbrar nuestro camino.

Y así aparecieron los licenciados de cuatrimestre, masters de cinco pesos y líderes en alergias de ferias y mercados preparados para el zarpazo a cuentas y balanzas mediante el presupuesto quinquenal.

Descontando que buscan corregir la negrura de los brutales desequilibrios sociales, el sometimiento y la insolidaridad anuncian una Ley Presupuestal que provocará una dramática contracción económica y más convulsiones para los uruguayos que ya están a punto de colgar las botas.

Para ello retornarán al hemiciclo parlamentario cuantas veces haga falta –ya lo anunciaron con pomposa petulancia– unos hombrecitos muy pequeños que ensayarán nuevas acrobacias políticas mientras recitan versitos pilatunos autorizando la matanza que otros tantos como ellos corean alborozados.

Esta peligrosísima forma de legislar ignorando la oposición, negándose al debate de ideas y desconociendo al propio Poder Legislativo, pulveriza la democracia representativa y acorta el camino hacia un gobierno autoritario que, por mediocre, ante el abismo sólo atina a patotear al pueblo para desollarlo mejor.

Los primeros vientos invernales se llevaron los ramilletes de mentidas promesas y ahora que sabemos que nos dieron arpillera por buen paño y nos cambiaron los colores del cielo por truenos y centellas, tendremos que purgar pecados ajenos hasta que podamos darles el definitivo adiós.

Ya en 1877 Lord Acton sostenía que «la demostración más segura para juzgar si un país es realmente libre es la dosis de seguridad de que gozan las minorías («The history of freedom is antiguity») y por lo ocurrido en el Parlamento en oportunidad de la Ley de urgente consideración, debemos tener muy claro que, en este Uruguay descuartizado, predomina la ley de la jungla.

El desastre nacional, cuidadosamente disimulado, ya no puede ser eludido porque numerosas intendencias del interior están en plena bancarrota pues desde largo tiempo carecen de dinero para enfretar sus mínimas obligaciones.

La morosidad de sus contribuyentes trepó a cifras de espanto, se han paralizado obras y servicios y la extraña mezcla de ira y desaliento de los funcionarios municipales pretende ser paliada, para refrenar su rapidísima violencia, mediante vales que de poco sirven para saldar las facturas de UTE, OSE y Antel, y una vergonzante canastilla de comestibles secos.

* Ex magistrado judicial

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