¿Gobernar para cambiar o para administrar la crisis?

Mas allá del triunfalismo fácil de los blancos y de sus socios de siempre, sigue existiendo una importante probabilidad cuantitativa-cualitativa, de que sea el FA(etc.), el encargado (de tratar) de ejercer el gobierno del país durante los próximos cinco años. Entre las cosas que trascienden, prensa mediante, sobre lo que se pensaría hacer, de darse tal ocasión, hay algunas positivas y otras, por lo menos, preocupantes. Y, lógicamente, es a estas últimas a las que queremos referirnos como forma de aporte. Porque sobre aquellas en las que estamos de acuerdo, no vale la pena gastar papel. Sobre todo, después de verle las patas a la sota de las internas. Aun corriendo el consabido riesgo de que se nos señale como «enemigos internos», por aquellos obsesionados por «ganar» (¿de cualquier manera?), que como siempre argumentan que «no es el momento oportuno de señalar errores…», aunque sean partícipes de que los hay…

Hay estrategias preocupantes que apuntan a la caza de votantes del «centro» que, por efecto «rebote», contienen propuestas que alejan a votantes de la «periferia» por la izquierda, e inclusive, a algunos de los hasta hoy identificados como «indecisos».

«En la estrategia hacia el gobierno nacional, el contenido del mensaje (del FA, etc.), tiende a generar `confianzas y certezas´ dentro de sectores que tradicionalmente no acompañaron los planteos del Fa»(1).

Ya que «se evidencia una gran preocupación por moderar los planteos y conseguir la aquiescencia de los poderes económicos»(1) y ello «no motiva (a) la militancia quedando todo reducido a la actividad del casco de los grupos que pugnan en la interna«(1) mostrando que «se está tomando la ruta del realismo en forma parecida a lo ocurrido con Lula…»(1).

«Realismo» que, por otra parte, le está originando a éste ingentes problemas en su interna. Así, por ejemplo, se habla con los organismos internacionales de «honrar» los compromisos asumidos por el país. Nadie, con la honradez intelectual que caracteriza un análisis primario y superficial, podría decir otra cosa, si con ello no estuviéramos imposibilitando la salida del hambre y la miseria de hasta el último de los sufridos compatriotas. Pero ocurre que sabemos a ciencia cierta que ambas premisas, al mismo tiempo, no serán posibles. Y dependerá de a cuál de las dos se dé prioridad.

Y hay que dar seguridades, desde ya, de que será a esta última.

Si no, ¿qué diferencias mostraremos con el «continuismo» de Larrañaga? Lo mismo ocurre con algunas ideas fundacionales, que con el correr de estas expectativas electorales que, según algunos, hacen necesario tragarse culebras, ofidios ponzoñosos y hasta algunos camaleones de eterno disfraz, nos están convirtiendo en esos «bichos», como el charabón, acostumbrados a comer «lo que venga», sin que aparentemente les haga daño.

Y en base a ello, se evita hablar de ideas tales como la reforma agraria.

¿Acaso se piensa que con esta «distribución» de la tierra, se puede «hacer Patria»? No se habla de ideas tales como la etatización de la Banca. ¿Acaso se piensa que con esta «plazoleta» especulativa, se puede «hacer Patria»? Entonces, ¿qué diferencias mostraremos con el «continuismo» de Larrañaga?

Y te pongo algunos «ejemplitos», de los últimos trascendidos de prensa, no desmentidos, para que vayas «haciendo diente», antes de que se me acabe el papel.

Como el preanuncio de la designación por anticipado de Volonté, para «continuar» como embajador en Argentina. O el aviso a los trabajadores, por las dudas de que se «desubiquen», de que no va a haber «Salariazo», ni tampoco derogación inmediata del IRP si somos gobierno. O el trascendido de prensa de que, en el arranque, no se van a eliminar las AFAP, como medida imprescindible de sanidad, para salvar la seguridad social, tal como se decidió en el Congreso. O la posible designación del Cr. Iglesias como ministro de Economía. (¿Vos, manya, pondrías al presidente de Nacional, para que te haga el cuadro de Peñarol, para enfrentarse en el «clásico?)

¿Qué diferencia tendremos, entonces, con Larrañaga?

Y me quedo aquí porque lo que escucho todos los días en la Tele, me «pone los pelos de punta…». Si me quedo un rato más, capaz que te agrego un par de «centros» más, levantados a la derecha.

En suma, hay ciertos «gestos» de la «conducción» del FA (etc.), que, aun en el caso de ser un intento de trampa «cazabobos», para atraer alguna que otra «culebra» del centro, crean desconcierto en los frenteamplistas fundacionales de «a pie», y en muchos «indecisos» por la izquierda, que están esperando definiciones de «cambio real», tal como lo ratificara Tabaré, a horas de terminado el escrutinio, en su evaluación hecha en el Centro de Vendedores y Viajantes.

Porque la opción es siempre la misma. «O se engaña a esos potenciales votantes del centro, para engancharlos, y después de usarlos para ganar se hace «otra cosa (?)». O se ha virado realmente hacia la derecha, convencido de que no se podrá otra cosa, y se va a actuar de acuerdo a esa nueva visión. Y aquí, quiero perder un minuto para recordar una muy compartible idea surgida del Pepe Mujica, cuando se trataba de explicar los peligros de la«nueva» posición asumida por el MPP-609, luego de romper con Zabalza, en que decía, más o menos, en aquel momento que «el peligro está en que el Partido (que vira), después queda cautivo de los electores que buscó captar, motivo único, éste, por el cual viró».

El otro día escuché por la radio al Dr. Hebert Gatto, el cual llegaba a la conclusión (compartible o no, porque acá no hace al caso), de que «la derrota de los guerrilleros tupamaros se consumó definitivamente cuando el Pueblo vio la aparición en el escenario político, del FA». O sea que la esperanza de cambio, visualizada antes del FA, a través de la luego frustrada experiencia armada, se canjeó por la derivada de la salida dentro de la «legalidad», con el FA en la arena política y luego, imprescindiblemente, en el gobierno. El peligro es que en el momento en que parece que podríamos serlo, se frustre esa esperanza. Por tomar el camino equivocado «del medio». Porque como dijo alguien, lo que importa no es ganar sino qué hacer después de la victoria.

Porque si el FA (etc.) fallara en su intento comprometido de lograr un gobierno del Pueblo y para el Pueblo, ¿qué otro camino quedaría para recorrer, frustrada su última esperanza, a la que jugó todos sus «boletos»?

En síntesis, si la opción es entre el continuismo y el cambio, que es otra forma de expresar la opción entre la oligarquía y los intereses del Pueblo, tenemos que mostrar claramente esas diferencias. Nos va la vida en ello, y le va la vida al país. Porque si no las tenemos, o no las planteamos con claridad y no las hacemos ver, la cosa se puede complicar.

Por lo pronto, el contrincante no es un integrante del trío que la gente ha demostrado rechazar. Ojo al gol.

Esa es la inquietud que nos surge, y por la que estamos intentando hacer estos alertas a tiempo, según los síntomas que vemos con preocupación. Antes de que sea tarde y el enfermo se nos muera del todo. Y, por sobre todas las posibles opiniones y virajes, recordar, de paso, que existe esa para algunos «insignificancia instrumental» , denominada documentos emanados del Congreso del FA, que nos marca, nos guste o no, el camino a seguir. Y no valen torcidas interpretaciones, ni jerarquías dirigentistas inapelables, para a
partarse de esa guía.

Desde Cristo inclusive, para abajo, no debe haber dirigente ni militante que ose desobedecerlas, o trampearlas. Porque si no, entraríamos en el ámbito peligroso de los «Mesías» incontrolados e incontrolables, o aun peor, de los Judas. Y en política, eso ha sido y es demostradamente peligroso y hasta suicida. *

(1) Mario Peralta en Brecha 11/6/04, pág 5, «Un discurso difícil de seguir».

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje