Triunfaron las propuestas de cambio

Lunes 28 de junio de 2004 | 5:41
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Se cumplió ayer la primera jornada cívica de las previstas para este largo período electoral. A la hora de escribir estas líneas, cuando se han cerrado los circuitos de votación y se dan a conocer los primeros resultados así como las tendencias y proyecciones, el hecho a resaltar es sin duda la baja concurrencia de electores especialmente en los departamentos de Montevideo y Canelones, “triunfando” los ciudadanos que se quedaron en sus casas.

Está claro que se trataba de una elección interna en la que el voto no era obligatorio y no había por tanto sanciones previstas para los ciudadanos que se abstuvieran de ejercer su derecho cívico y, además en dos de los principales partidos, el Encuentro Progresista ­ Frente Amplio y en el Partido Colorado, por razones distintas, no se planteó una contienda interna por la candidatura presidencial, pese a que en el último formalmente se habían presentado a la contienda otras personalidades políticas.

Es cierto también que en esta instancia electoral no estaba en juego el futuro político del país pues no se elegía directamente a quienes gobernarán el país durante los próximo cinco años. Pero no es menos cierto que estaba en juego el futuro político inmediato de varias colectividades políticas que se jugaban su prestigio y, eventualmente, buscaban una confirmación de su línea política.

Algunos analistas manejaron que la carencia de competencia interna, de alguna manera, perjudicaría a algunos sectores (en los que se planteaba esa competencia) y que ello favorecería claramente al Partido Nacional en que, obviamente, se estaba dilucidando el nombre del candidato entre dos fuertes contendientes.

¿Ello habrá determinado la falta de motivación de miles de ciudadanos, incluso muchos de ellos con militancia política, para no asistir a los circuitos a emitir su voto? ¿Existirán otros factores para esta desmotivaciòn ostensible del electorado?

Sin duda, el resultado electoral de ayer mostró, en primera instancia, las carencias de una reforma constitucional que impuso esta vuelta electoral, en que dos de las grandes colectividades tuvieron sólo una participaciòn nominativa. Una elección interna en el papel, que no evita los acuerdos de cúpula. ¿Ello no es lo ocurrido en el Partido Colorado?

En las elecciones internas de hace cinco años –en las que se registró una concurrencia del 54 por ciento de los habilitados–, cifra que contrasta con el 45 por ciento registrado ayer– en que se ha verificado un descenso de nueve puntos porcentuales, lo que es mucho.

El hecho puede tener múltiples explicaciones que los politólogos especialistas se ocuparán de analizar en el correr de los próximos días. Pero más allá de ese análisis y de las conjeturas, esta baja concurrencia a las urnas, esta prescindencia ciudadana respecto de los hechos políticos, debe ser percibida por la clase política como un toque de atención, como un llamado de alerta, pues revela una clara pérdida del poder de convocatoria de los dirigentes.

En efecto, si hubo algo en lo que coincidieron todos los precandidatos sin excepción, fue en la exhortación al cuerpo electoral a manifestarse en las urnas y en la importancia de la participación ciudadana para dirimir las contiendas internas.

Puede decirse que mayoritariamente el cuerpo electoral, por distintas razones, ha desechado en esta oportunidad la posibilidad de incidir de manera más contundente en la vida política nacional.

Y esto es peligroso porque revela un posible descreimiento de la población en la clase política y, tal vez, una pérdida de confianza en la democracia como sistema. Desde luego, no podemos afirmar que la baja participación ciudadana deslegitime a las autoridades partidarias y a los candidatos que serán electos democráticamente en las convenciones elegidas en la jornada de ayer, pero sí es preciso reconocer que su legitimidad se ve, en cierto modo, menoscabada por el alto volumen de abstenciones.

Es tarea de todos, a partir de ahora, hacer que la ciudadanía vuelva a confiar en la democracia y en las instituciones; y es tarea específica de los líderes políticos, de las autoridades partidarias y de los candidatos, recuperar la credibilidad cuestionada.

En cuanto al resultado electoral, si bien no disponemos aún de las cifras oficiales, las proyecciones parecen confirmar lo predicho por las encuestas previas: Tabaré Vázquez es apoyado por el sector mayoritario de los sufragantes, el doctor Jorge Larrañaga se alzó con la victoria frente a su rival, el doctor Luis A. Lacalle, y será el candidato único del nacionalismo; el escribano Stirling quedó confirmado como candidato del Partido Colorado, el sector político que obtuvo la peor votación de su historia.

Hay otro hecho significativo. El grueso de los votantes en esta elección interna se volcaron a favor de aquellos candidatos que pronunciaron discursos progresistas, mostrando una clara intención de cambio.

Lo que es, por último, un hecho más que significativo con un significado que nadie debe dejar de desconocer. *

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