Los dogmas del modelo
Una nota publicada en la Sección Economía de nuestra edición del miércoles 23 da cuenta de acuerdos a nivel de Mercosur –especialmente entre Argentina y Brasil– tendientes a reactivar el comercio del calzado. Y se espera que el Uruguay –y su castigada industria del ramo– pueda beneficiarse con dichos acuerdos, ya que al restringirse la entrada de la producción brasileña a Argentina, habría un nicho de calzado uruguayo de calidad que permita exportar producción nacional hacia Argentina.
La perspectiva es auspiciosa y puede significar la reactivación de una industria otrora vigorosa y hoy reducida a su mínima expresión merced a la liberalización del mercado y la apertura de las importaciones.
Como pocas, la industria del calzado ha sufrido las consecuencias devastadoras del modelo aperturista que promovió el desmantelamiento del aparato productivo y generó desocupación y miseria.
En esa nota se recogen apreciaciones del secretario de la Cámara de industriales del calzado sobre la situación de esa rama de actividad. Nos enteramos, así, de que las fábricas prácticamente no cuentan con operarios calificados. Estos han emigrado o se han reciclado o reconvertido para trabajar en otros sectores en vista de la caída de actividad de aquella industria.
La peripecia de la industria del calzado es por demás elocuente respecto de los efectos nefastos de un modelo económico liberal, aperturista, concentrador y excluyente, que, a pesar de la experiencia vivida por otros países, muchos todavía se obstinan en aplicar en el país.
En el último número del suplemento Economía & Mercado que edita El País hay una entrevista al economista chileno Mauricio Rojas, donde éste vuelve a plantear las ideas guía y los dogmas que son el sustento doctrinario del modelo libremercadista y antiestatista.
De acuerdo con este distinguido analista, el pecado de América Latina consiste en haber apostado al proteccionismo y haber desarrollado, por tanto, un capitalismo raquítico. «Tenemos que ampliar la economía de mercado, que es la base del progreso espectacular de los últimos años, y apuntalar la libertad económica, que es su fundamento, lo cual habilita a la gente a participar creativamente», sostiene Rojas. No sabemos a qué progreso espectacular se refiere. Porque por desgracia, ni Argentina –que privatizó todo lo estatal– ni Uruguay pueden exhibir indicadores satisfactorios. Y si vamos al caso chileno, veremos que por más que las cifras relativas a la macroeconomía puedan considerarse exitosas, sabemos que la concentración de la riqueza y la consiguiente e inevitable exclusión social permanecen como lacras y como mudos testimonios de la injusticia del modelo.
Pero veamos cómo explica el economista el fracaso del modelo en América Latina. «En la mayoría de los países los resultados son desalentadores», reconoce Rojas, aunque inmediatamente aclara que «no han fallado los planes reformistas sino la estructura social debido a la debilidad institucional latinoamericana y su falta de respeto a la cultura más elemental del capitalismo, o sea el respeto a la propiedad, la inversión, los contratos, etcétera». Para el economista, es preciso un cambio de mentalidad que promueva valores muy prosaicos y la valoración ética del afán de lucro.
Mientras estos popes del fundamentalismo neoliberal continúen aferrados a sus dogmas y defendiéndolos a ultranza como la panacea, deberemos estar alertas para denunciar sus falacias y sofismas y reafirmar que otro mundo es posible. *
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