Acuerdos Sur-Sur y nueva geografía del comercio mundial

La XI Unctad (Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo) acaba de finalizar en San Pablo sus sesiones, realizadas por primera vez en América Latina en sus 40 años de existencia.

Al respecto se recordó su reunión inaugural en Ginebra, en marzo de 1964, presidida por Raúl Prebisch, en la cual Cuba estuvo representada por Ernesto Guevara.

Era tres años después de la invasión de Playa Girón.

Los planteos del Ché conservan pasmosa actualidad. Denunció el comercio desigual y el deterioro de los términos de intercambio, las tijeras que nos cortan la garganta; el papel del FMI como «cancerbero del dólar»; el bloqueo a Cuba, que se mantiene y se agravó por decisión de Bush, los subsidios a la agricultura de los países ricos, que provocan cuantiosos daños a las economías del sur. Trató el problema del hambre, así como la necesidad de preservar la paz mundial y evitar el uso de la fuerza.

En 2003 el gasto mundial en armamento creció en 11% y ascendió a 900 mil millones de dólares, correspondiendo la mitad a EEUU. Estos gastos improductivos en la visión de Lula podrían constituir una fuente de financiamiento del plan Hambre Cero que viene promoviendo con alcance mundial.

En su augural discurso el Ché promovía la unión de los países del Sur. «Si todos los pueblos que viven en condiciones económicas precarias (…) imponen un nuevo tipo de relaciones –decía– la humanidad habrá dado un paso adelante». Al final señalaba concretamente: «A impulsar la unidad del campo de los países subdesarrollados del mundo para ofrecer un frente cohesionado, van encaminados nuestros esfuerzos».

Esta idea fuerza es la que retomó en otros términos Lula en su discurso en el debate sobre «La nueva geografía del comercio: cooperación Sur-Sur en un mundo cada vez más interdependiente» en la XI Unctad. Las estadísticas indican que a mediados de los ’80 los países del Sur asumían el 20% del comercio mundial, porcentaje que hoy se eleva al 30% con posibilidades ciertas de acrecentarse sensiblemente, sobre todo gracias al aumento del comercio Sur-Sur. En 1990 éste representaba 34% del comercio total de los países en desarrollo, y hoy alcanza el 43%.

El gobierno brasileño ha adoptado una serie de medidas destinadas a impulsar vigorosamente el comercio Sur-Sur. Entre ellas, las más importantes son las siguientes: conformación del Grupo de los 20 (o G-20) en la reunión de la OMC en Cancún, destinado a actuar de consuno en las instancias internacionales; integración del G-3 con la India y Sudáfrica, y la posibilidad abierta a través de este último de incluir en los acuerdos futuros (susceptibles de involucrar a todo el Mercosur) a los países del Africa austral; vigorización por todos los medios del Mercosur y de sus instrumentos, creación de otros nuevos como el Parlamento mercosuriano y sólido relacionamiento con los países de la comunidad andina, en la perspectiva de una formación única en toda América del Sur. Por último, los vínculos con China estrechados en el curso de la visita presidencial a ese país abren perspectivas de amplitud inédita, en un mundo en el cual la expansión comercial de la República Popular desborda los límites imaginables unos años atrás.

Agréguese que las giras del presidente y de las delegaciones de empresarios a países africanos y al Medio Oriente contribuyeron a aumentar apreciablemente, en pocos meses, las corrientes comerciales Sur-Sur.

Especial destaque merece la demanda efectuada por Brasil ante la OMC contra los subsidios de unos 4 mil millones de dólares anuales que Estados Unidos otorga a sus 25 mil productores de algodón. Hemos dicho que ello implica llevar la lucha a un territorio hasta ahora enemigo, y algo parecido sucedió con el planteo ante el propio FMI sobre la exclusión en el cálculo del superávit primario de las inversiones públicas en obras de infraestructura. En primera instancia la OMC dio razón a Brasil, lo que abre un amplio campo de lucha contra los subsidios agrícolas de las grandes potencias. Veíamos días pasados que EEUU apeló esta decisión de la OMC.

El citado discurso de Lula culmina con los siguientes conceptos: «El comercio Sur-Sur debe su dinamismo, en gran parte, al reconocimiento de su fuerza. Los países en desarrollo están suscribiendo entre sí un número creciente de acuerdos bilaterales o regionales de comercio.

Deseamos que esos avances se reflejen también en el comercio inter-regional, donde los beneficios concretos para los países del Sur están lejos de haber alcanzado su potencial.

Entre tanto, debemos examinar las formas de ofrecer concesiones más favorables a los países de menor desarrollo relativo. La nueva geografía económica y comercial que queremos construir es, sobre todo, una geografía de cooperación y solidaridad». *

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