Auspiciosa conquista laboral
«No. No aceptes lo habitual como cosa natural.
Porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural.
Nada debe parecer imposible de cambiar».
Bertolt Brecht.
Ya en los umbrales de la veda política que impide la propaganda electoral, un episodio aparentemente aislado, y relativamente pequeño en escala nacional, aborda, no obstante, unas cuestiones centrales para las fuerzas progresistas en los umbrales mismos de acceder al gobierno.
Se trata de una conquista laboral lograda por la lucha, la habilidad, la constancia y la memoria.
Un reportaje publicado en LA REPUBLICA de ayer, digamos de paso que, junto a Brecha, es el único diario que informa sobre este trascendente episodio, da cuenta de un hecho del campo laboral de enorme significación para los trabajadores y para los empresarios del país.
El hecho importa ya que, tratándose de una empresa poderosa, moderna y con fuerte presencia de capital y gerenciamiento internacional, el convenio acordado entre la patronal y la organización obrera perteneciente al PIT-CNT logra al menos dos conquistas de singular importancia en tiempos de desocupación devastadora y recesión económica.
El primer y trascendente resultado del acuerdo establece que los obreros trabajarán 39 horas semanales percibiendo remuneraciones por 48 horas. El hecho permitió además que 24 trabajadores de Pilsen, notificados de despido el pasado 10 de mayo pasado, fuesen reubicados con trabajo genuino.
La firmeza y claridad de la conducción sindical fue una clave. «Si la dirección sindical no está convencida de que las utopías son posibles, dice Read, es muy difícil lograr un acuerdo de esta magnitud. Cuando las grandes propuestas son solamente eslóganes y no se tiene detrás de las propuestas una convicción de que es posible, normalmente caen en el fracaso. Lo segundo es una demostración al sector empresarial de que es posible discutir la reducción de jornada laboral sin pérdida de salario, donde también las empresas se vean beneficiadas. Porque en este acuerdo con la Fábrica Nacional de Cerveza, la empresa se ve beneficiada. Tiene dos horas más de producción por día con la misma dotación».
Preguntado acerca de cómo se negoció con la empresa, el dirigente sostuvo: «Nosotros fuimos a discutir técnicamente. Demostramos que es posible trabajar una hora y media menos por turno produciendo más, sin perder salario. Claro que esto no nació de la noche a la mañana. Esto tuvo como sustento argumental la vivencia del obrero frente a la máquina. ¿Cómo sostuvo el sindicato y argumentó la reducción de la jornada laboral? Con la vida diaria del obrero en la máquina. Creamos una comisión de trabajo con los obreros que están vinculados a la producción. Nadie mejor que ellos conoce cómo funcionan las máquinas y la producción. Es parte de sus vidas. Esa vivencia solamente la genera el trabajador».
Se trata de una experiencia a la vez antigua y reciente, un cambio profundo en las relaciones de trabajo. «La experiencia obrera la capitalizó el sindicato. No se le entregó a la fábrica como una dádiva de círculos de calidad. Siempre estuve en contra de los círculos de calidad porque entiendo que lo que hace la empresa es succionar la experiencia obrera. Les quita sus conocimientos que son patrimonio del obrero. En el sindicato de Pilsen, desde hace once años, empezamos a tener un banco de datos con la experiencia de los trabajadores. Fuimos albergando toda esa información y la empresa no tuvo argumentos en contra nuestro. Lo que nosotros sabíamos, lo aprovechamos para beneficio nuestro», concluye el sindicalista.
La perspectiva de la relaciones laborales está en el horizonte inmediato de un gobierno de las fuerzas progresistas. El ejemplo de la experiencia de lucha, negociación y acuerdo en la Pilsen muestra que el diálogo es imprescindible. Pero que no siempre lo pragmático consiste en retroceder. Y que el realismo, bien conducido, también puede favorecer a los débiles. *
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