La Preguntita…
El ex vicepresidente de la República, figura de inocultables credenciales democráticas y de reconocida oposición a la dictadura, ¿estará siendo víctima de alguna confusión como consecuencia de su odio a la izquierda?, ¿o la pérdida de estribos hay que atribuirla a un inexplicable yerro conceptual respecto del significado de los dos vocablos?
¿Tanto rencor guarda dentro de sí el doctor Tarigo, como para inventar una boutade tan groseramente disparatada como moralmente inaceptable?
Si recordamos que súbdito se define como la «persona sujeta a la autoridad de un superior con obligación de obedecerle», o «nacional de un país en cuanto sujeto a las autoridades políticas de éste», y que ciudadano es «aquella persona que en cualquier estado disfruta de derechos políticos más o menos amplios que le permiten influir sobre su gobierno», ¿no sería la primera palabra la apropiada para designar la situación en que vivieron los uruguayos bajo la bota infame de la dictadura?
¿De qué derechos políticos disfrutaba el doctor Tarigo (y todos los opositores, perseguidos y víctimas del terrorismo de Estado) que le permitían influir sobre el gobierno de Bordaberry, de Méndez o de Alvarez, y que lo harían acreedor al rango de ciudadano?
¿En qué oscuro rincón de su alma se origina esta novedosa e indecente distinción que execra a quienes debieron exiliarse y ensalza a quienes no pudieron hacerlo o no se vieron obligados a ello?
¿Se considera Tarigo con autoridad moral como para ironizar introduciendo el adverbio prudentemente a la acción de cambiar de aires –eufemismo que con frivolidad esconde la tragedia del exilio–, como si el asilo en tierras extranjeras hubiera sido producto de una decisión meditada entre opciones más o menos admisibles?
¿Por qué su prudencia le aconsejó no emigrar y mantener su estudio jurídico?
¿Ha perdido acaso su pudor y su sentido del ridículo?
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