México: otra elección con incertidumbres

Hasta qué punto países con fuertes tensiones económicas y sociales pueden desarrollar con estabilidad sus instituciones democráticas?

La respuesta a esta interrogante se puede dar analizando la evolución reciente de varias situaciones nacionales específicas de nuestra región.

Las tensiones e incertidumbres que rodearon la elección en Perú, en estos días, parecen ahora, con un cuadro muy distinto, reaparecer en la gran nación mexicana.

No se trata aquí de un proceso de re-reelección como el escandaloso caso peruano.

No obstante, la larga permanencia en el poder del Partido Revolucionario Institucional (PRI) ha suscitado en México una particular polarización. Se está en favor o en contra de la alternancia.

Y a esa polarización se subordinan todas las demás preocupaciones políticas.

Esta radicalización de las posiciones ha ido conduciendo a una circunstancia nueva, que viene resultando electoralmente perjudicial para el partido de las fuerzas progresistas que lleva como candidato al actual presidente del Gobierno del Distrito Federal, ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas.

Planteada la pugna por la alternancia como valor supremo, la situación política ha colocado al candidato del partido conservador PAN (Partido Autonómico Nacional), Vicente Fox como el principal adversario de Francisco Labastida, candidato del oficialista PRI.

El PRI, que no ha abandonado el poder desde su fundación, hace más de 70 años, ha sido acusado más de una vez de fraude electoral.

La acusación más grave fue justamente la que responsabiliza al PRI del fraude contra Cárdenas en favor de Salinas de Gortari en el año 1988.

En esa oportunidad, cuando todos los sondeos daban como triunfador al candidato del opositor PRD de Cárdenas, cayó el sistema de cómputos, se suspendió el escrutinio.

Cuando se reanudó, el vencedor era… ¡el candidato del PRI!

El anhelo de desplazar al oficialismo ha inflamado a buena parte de la opinión pública mexicana y, al tiempo que dejan de discutirse los problemas políticos de fondo que tiene el país, cientos de intelectuales de reconocida militancia de izquierda proclaman su adhesión a la candidatura de Vicente Fox.

El candidato conservador exacerba la polarización que lo ha colocado, según la mayoría de las encuestas, prácticamente con el mismo respaldo electoral que el candidato del partido en el gobierno.

Fox, que a su manera es un innovador, ha desarrollado una campaña con fuertes aristas populistas.

Desde el punto de vista programático, Fox no ha tenido ningún reparo en hacer suyo el programa del Partido por la Revolución Democrática del ingeniero Cárdenas.

El cuadro de fuerte polarización se ve agravado por la circunstancia que todos los pronósticos realizados en los sondeos de opinión dar una diferencia mínima del 2 por ciento a favor de uno u otro candidato.

Esta diferencia, que se coloca por debajo de los márgenes de error, ha terminado por generar una gran incertidumbre.

Dado que en el país la cultura del fraude electoral está bastante arraigada, aunque para esta elección se han hecho esfuerzos importantes para ordenar legalmente el escrutinio y dar transparencia y garantía al acto electoral, un margen pequeño en los resultados puede ser la chispa que desate desórdenes y algaradas.

Como ha señalado en estos días Ludovico Paramio, en El País de Madrid, «ni Fox ni sus seguidores parecen reparar que el problema fundamental de México en estos momentos no es la democratización del acceso al poder, sino la burocratización de su ejercicio… La alternancia dejaría intactos algunos rasgos insostenibles del funcionamiento del poder en México: el uso clientelar del empleo público, la discrecionalidad de los funcionarios públicos, la inseguridad jurídica y práctica de los ciudadanos frente a la administración».

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