Diálogo y acuerdo social

Yo estuve conversando con usted la semana anterior, respecto de la importancia que tendrá el relacionamiento del gobierno al que aspiramos, con el conjunto de la sociedad civil y con la propia fuerza política que le dará sustento. Había llegado a la necesidad de un diálogo fluido y respetuoso, para reencauzar y solucionar los conflictos que siempre se dan en la sociedad. Porque según sea el encare que cada parte haga de las diferencias, según el tenor de los argumentos, el conflicto puede encarrilarse o agravarse. Mire a su alrededor y encontrará múltiples ejemplos de lo que estoy diciendo.

Es bueno, por lo tanto, traer a colación uno de los documentos fundacionales del Frente Amplio –el compromiso político– que ya, en 1972, más precisamente el 9 de febrero, establecía que «La conducta política frentista entraña, en particular, un uso de las tribunas públicas y otros medios de difusión, tanto los comunes a todo el Frente como los pertenecientes a cada uno de sus componentes que se atenga a:

a) El respeto recíproco de las fuerzas que integran el Frente y la abstención de actos y expresiones de agresión mutua o de valoración peyorativa.

b) La estimación positiva del Frente de sus objetivos programáticos, de sus apreciaciones de la coyuntura política y de las orientaciones principales de lucha plasmadas en sus documentos y resoluciones fundamentales.

No se considerará, en cambio, violatoria de la disciplina, la exposición de razones particulares que determinan la conducta de las distintas fuerzas que integran el Frente, o de los aspectos de la propia ideología y orientación política que no contradigan los principios comunes expuestos en los documentos y resoluciones fundamentales de aquel ni la polémica sana, desarrollada en un clima de cordialidad, en torno a esos diversos puntos de vista.»

Y ya, con esa mochila de requisitos previos, puede comenzar a instrumentarse el acuerdo social a que aspira el documento de relacionamiento aprobado en el Congreso y puntualizado en el Plenario Nacional del Frente, así como, posteriormente, asumido por el Encuentro Progresista y el Nuevo Espacio.

Se trata de buscar un acuerdo social; no de firmar un pacto. Y un acuerdo que «no se puede agotar en los temas económicos sino que tiene que incluir aquellos derechos sociales, políticos y culturales que construyen ciudadanía, los que pueden dotar de sentido de desarrollo integral al crecimiento productivo», según expresa el citado documento.

Afortunadamente, en nuestro país existe una amplia y extendida red social de organizaciones de los ciudadanos, así como un movimiento sindical unido en una sola Central Sindical, que permite mirar con optimismo el desarrollo del necesario diálogo.

Como ve usted, la fuerza política ha trabajado y trabaja con seriedad para sintetizar de la mejor manera, la amplia tradición de los uruguayos para vivir en y defender la democracia y el patrimonio nacional. *

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