La alternativa es entre el cambio o el continuismo

Como advertirá el lector objetivo y desapasionado, no se trata de una consigna arbitraria u oportunista, sino que es el resultado inevitable de un proceso político del cual todos los compatriotas son testigos. Porque como aconteció en los comicios de 1999, en las elecciones del próximo mes de octubre, la ciudadanía deberá pronunciarse sobre dos modelos económicos, que ya fueron plebiscitados en la instancia electoral del balotaje.

En aquella oportunidad, el Directorio del Partido Nacional ordenó a sus simpatizantes sufragar por el doctor Jorge Batlle, permitiendo que éste lograse la mayoría, y por ende la Presidencia de la República. Recordemos igualmente que en noviembre de aquel año, la colorada conjuntamente con la blanca elaboró un programa de gobierno donde se hizo un cúmulo de promesas incumplidas, muchas de las cuales hoy se vuelven a reiterar por parte de los respectivos precandidatos.

Se conformó en aquella época –hablamos de noviembre de 1999– con el aval de todos los sectores de ambas colectividades, el denominado «gobierno de coalición», bajo la plataforma programática de no crear más impuestos, ni incrementar el monto de los existentes, como asimismo mejorar sustancialmente los presupuestos de la salud, enseñanza, vivienda y seguridad. En esa línea de fácil seducción cívica, se comprometieron a vigorizar la producción, con estímulos a la industria y a las exportaciones, lo que redundaría en la creación de nuevas fuentes de trabajo, en el fortalecimiento de los salarios, y en un adecuado control del costo de vida.

En apretada síntesis, recreamos algunos de los compromisos contraídos con la población, por quienes compartieron en forma solidaria e indivisible la conducción de los asuntos públicos, con representación en Ministerios, Entes Autónomos y Servicios Descentralizados. Y congruente con la verdad histórica, han de reconocer que la renuncia de los ministros blancos acaecida en 2003, no respondió a ninguna discrepancia conceptual en la formulación de las políticas de Estado, sino a una estrategia proselitista derivada de las consultas populares, que la Constitución traza para el corriente año.

El lapso posdictatorial exhibió gradualmente una inequívoca coincidencia ideológica, la que se profundizó con el fallecimiento de Wilson Ferreira y el subsiguiente liderazgo del doctor Lacalle en la colectividad que fundara Manuel Oribe. Porque fue durante su mandato, que el liberalismo económico aumentó sus decibles, reflejado en el intento de privatizar las empresas públicas, acompañadas de otras medidas compatibles o encuadradas en la teoría de Adam Smith y sus discípulos.

Desdichadamente los lineamientos y objetivos estampados en el Plan de Gobierno, que postuló la candidatura del doctor Alberto Zumarán en 1984, sustentado en el célebre documento rotulado «Nuestro Compromiso con Usted», y que con tanta convicción defendió Wilson en 1971, han sido olvidados por la totalidad de la dirigencia nacionalista. Basta una lectura de esa documentación –que promovía hondas transformaciones en áreas fundamentales de la vida nacional– para comprobar que la comunidad de Aparicio Saravia optó por caminos absolutamente opuestos al que le indicaba la historia con hombres como Lorenzo Carnelli, Carlos Roxlo y Daniel Fernández Crespo.

El afianzamiento del libre mercado, en beneficio del totalitarismo capitalista, se consolida con el apoyo brindado al doctor Jorge Batlle, cuyo pensamiento ultraliberal era públicamente conocido, ya que siempre demandó eliminar la intervención del Estado en el mercado, postulando la flexibilización laboral, como asimismo la reducción del gasto público en áreas sociales. En esa dirección fue categórico en apoyar un marco hospitalario indiscriminado a las inversiones extranjeras, y no vaciló en proclamar la eliminación de barreras arancelarias, para que el consumo se viese favorecido con productos importados.

De manera que, cuando en el balotaje la cúpula nacionalista opta por la candidatura de un apóstol de la modernidad, defensor acérrimo de la globalización sin proteccionismo, sabía perfectamente en qué barco doctrinario colocaba la economía del país.

Se concibe que quienes siempre comulgaron con el credo del líder de la 15, le hayan dado su apoyo; lo inexplicable es que quienes defendieron un proyecto de país como el pregonado en las contiendas electorales de 1971 y 1984, también lo hayan hecho, sin expresar una sola rebeldía o reserva.

Hasta ahora nadie ha explicado por qué las propuestas de quienes proclamaron «que había llegado la hora de votar juntos» no se han cumplido. Como tampoco qué medidas adoptaron dentro del gobierno de coalición para obligar a Batlle a concretar algunas de aquellas promesas en las que creyó la franja mayoritaria de la ciudadanía.

Como viene de verse, hay asignaturas pendientes que deben memorizarse, máxime cuando se vuelve por parte de los mismos protagonistas que conformaron aquella cohabitación electoral a reclamar el voto de la gente, basados en similares discursos de hace algo más de cuatro años. Y en este contexto poblado de hechos irrebatibles, ya que los testimonios de la realidad imposibilitan toda refutación, puede afirmarse que el cambio sólo ha de lograrse con la victoria del doctor Tabaré Vázquez, ya que los demás precandidatos representan el continuismo de la política neoliberal, cuyos nefastos resultados todos quieren ponerlos en las cuentas del doctor Batlle. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje