El 27 de junio la esperanza se llama Tabaré
Escasos días nos separan de las elecciones primarias. Primera etapa del ciclo electoral de 2004.
Las encuestas van y vienen y quieren influir en el estado de ánimo del electorado.
Pero quienes estamos en la política desde hace algunos años, sabemos que la temperatura se toma en el pulso de la gente. Ahí vemos por qué las encuestas nos dan un 49% de un 90 % de gente definida, a lo que debemos sumarle el porcentaje de los indefinidos.
La publicidad de los grandes medios de comunicación no demuestra la gravedad de la crisis del Partido Colorado, que está entre el 10 y 13% del electorado y trata de relevar la interna frentista más que a la potencialidad de un proyecto abierto y plural que ha tenido la inteligencia de unir y sumar.
Vamos bien, pero nada de triunfalismos.
Sigamos sembrando a manos abiertas, firmes en la denuncia de las llagas sociales, inteligentes en la propuestas para sacar al Uruguay del marasmo social.
El primer spot televisivo de la izquierda progresista ubicándonos como continuadores de las mejores tradiciones nacionales, levantó polvareda.
La derecha se encrespa y vocifera, quiere decir que les dolió el mensaje. Buena señal. Esperemos con entusiasmo el segundo comunicado del miércoles 23 a las 19.50 horas.
¡No saben cuánto nos ayudan Millor, Trobo, Lacalle y tutti quanti cuando desatan sus furias contra nosotros! Ayudan a demostrarle a la gente que no somos todos iguales. Que hay una forma distinta de hacer política.
La izquierda accederá al gobierno como síntesis del proceso de luchas sociales del siglo XX y también recogiendo las mejores tradiciones de todos los sectores políticos. Nuestro país está enfermo, profundamente enfermo, por culpa de políticas económicas que han privilegiado el dogma sobre la realidad social y productiva.
Por ello es que blancos y colorados ponen el énfasis en lo que van a hacer, pero no en su responsabilidad en la crisis actual.
De sus responsabilidades en las quiebras del Banco Pan de Azúcar, Banco de Montevideo, Banco de Crédito y Banco Comercial, ni sombra de autocrítica.
¿Quién fue el responsable de sus privatizaciones, de sus fusiones y de la falta de contralor y previsión?
Sobre este tema juegan a las escondidas.
En la crisis de 2002 se nos fueron dos mil millones de dólares que tendremos que pagar como deuda externa futura.
El país que hoy tenemos es mucho más pobre, más injusto y con mayor concentración de la riqueza que el Uruguay tradicional.
Por eso necesitamos una fuerte correntada histórica que sea capaz de construir un proyecto de país, capaz de abarcar amplias mayorías y de entusiasmarlas para arrimarle el hombro a esta patriada.
Si para engendrar un ser humano viable se requieren amor y pasión, también para reconstruir un país, darle calor de hogar y de patria, necesitamos amor y pasión.
El siglo XXI vino difícil, con sus guerras y sus crisis; pues bien, seamos capaces de arremangarnos, de escuchar lo que la gente quiere y trabajar y trabajar.
Nada podemos esperar si no es de nosotros mismos. Entusiasmo, mística y confianza en que podemos salir como país y como sociedad, actuemos seriamente y con capacidad para gobernar. Nos preocupa seriamente el déficit del gobierno central con los items presupuestales.
Sería muy importante que el ministro Alfie informe al Parlamento cómo piensa ponerse al día en 2004 de los serios atrasos con el Poder Judicial, con la Universidad de la República, con las Intendencias y con los Ministerios. Seguimos con atención la evolución creciente de los gastos no personales del Estado.
Hace poco escuchamos a un ex ministro de Economía, que nada tiene que ver con la izquierda, justificando la preocupación de Tabaré sobre el déficit fiscal que tendrá que heredar y lo definió como «la bomba debajo de la mesa».
Así le pasó a él al recibir el Ministerio y así le pasó al actual gobierno, al recibirlo de manos de sus socios de partido. Todo ello nos obliga a ser rigurosos en nuestras propuestas.
Entusiasmar a la gente que el cambio empieza el 27 de junio, asegurando que seamos la primera fuerza política.
Sin subestimar a los adversarios, pongamos el énfasis en la unión de los orientales honestos, donde todos los que quieren trabajar por el país y su gente tienen cabida. Mucha gente está con las valijas prontas y lo único que la detiene es la esperanza que en octubre gane Tabaré.
No podemos defraudarlos.
Por eso es importante que el domingo 20 llenemos la Explanada Municipal para escuchar a Tabaré, recordando aquel 26 de marzo de 1971, porque quienes queremos llegar lejos debemos saber que venimos de lejos.
Somos gente con historia que quiere hacer historia. *
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