¿País o nación?
Parecería adecuado antes de analizar la característica que tendría nuestra defensa nacional, definir algunos elementos que parecen previos a cualquier tipo de reforma, puesta a punto o apuntalamiento de lo que son nuestras Fuerzas Armadas, claro está, sin olvidar el necesario reexamen de denuncias que dan cuenta de un derroche fuera de control que tiene lugar en la órbita del Ministerio de Defensa Nacional.
¿De qué hablamos? Es que para saber qué instrumento de cohesión militar necesita el país, primero tenemos que estudiar qué somos realmente: un territorio librado a la gracia de Dios, sin fronteras que delinean nuestra estructura geográfica. Recordemos que el contrabando las hace inexistentes, así como la tenencia de la tierra por parte de extranjeros. También debemos definir, siguiendo el análisis, si somos un Estado y si ese Estado, por su apego a las normas constitucionales y de conducta republicana, es una Nación.
En algunos aspectos, Uruguay parece más un territorio, con una administración global y 19 sub-administraciones, que tiende a ser un Estado. Por ello nos preguntamos: ¿podemos considerarnos realmente una Nación? La característica de una Nación se debe vincular a la concreción de objetivos nacionales, resueltos como políticas generales, adoptadas de manera soberana, por los distintos gobiernos. Uruguay desde hace décadas carece de una política económica propia y toda su normativa reformista, la en vigencia o la que no pudo pasar la oposición de la gente, tiene fundamentos en planes elaborados por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, organizaciones funcionales de su principal accionista, los EEUU.
Por ello, cuando se discute el perfíl de las Fuerzas Armadas –sin intentar terciar en la polémica– se debe partir de premisas básicas. Hoy, lamentablemente, las Fuerzas Armadas se debaten dentro de un marco absolutamente limitante. No están en condiciones de concretar ninguna de sus tareas esenciales, como la custodia de nuestro mar territorial. En uno de los informes existentes se establece que no hay capacidad ni siquiera para mover un buque, y si hubiera combustible, el mismo no podría navegar a más de12 nudos, siendo imposible dar caza a ningún pesquero pirata. Tampoco es posible vigilar el ingreso legal a nuestro espacio aéreo, por carencia de radares que cubran todo el país y, si se detectara alguna transgresión, los aviones no podrían levantar vuelo porque no poseen el adecuado mantenimiento.
Las Fuerzas Armadas uruguayas –como lo fueron en el pasado– son una suerte de reservorio de la derecha, que les ha insuflado un sentido cuasi mesiánico, predisponiéndolas a usar su vetusto armamento –como lo hicieron durante la dictadura– de las peores alternativas planteadas, remachando, por supuesto, para el Uruguay su papel de «patrio trasero» de los EE.UU.
Los barcos de la Armada no sirven para defender nuestras aguas territoriales, los aviones de la Fuerza Aérea prácticamente no están en orden de vuelo, las fuerzas de tierra vegetan en los cuarteles, convertidos en un sustituto de los comedores del INDA, alimentando a la tropa que sigue cobrando sueldos más que miserables. Los oficiales, mientras tanto, se aburren, cumplen horarios con exactitud germánica, hacen equitación y aplican esa mecánica disciplinaria tan absurda que en lugar de lograr la comunidad de las inteligencias, coarta la discrepancia del jerárquicamente «inferior», aceptando a pie juntillas la del «superior».
Por ello, cuando estamos insertos en esta polémica, habiéndose conocido por lo menos tres documentos sobre el complicado tema, es que vemos importante que la sociedad civil tenga en cuenta algunos elementos esenciales. Lo demás, lo de organización prusiana con divisiones, cuarteles y otras yerbas, o lo de guardia nacional para actuar en le defensa de las fronteras, son temas irrelevantes. Lo que hay no le sirve a nadie, y lo que vendrá tendrá que estar vinculado a las necesidades de un país o de una nación.
Esa es la alternativa. *
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