Cinco falacias para desarmar

A la hora de presentar razones, los partidos tradicionales manejan una batería de ideas que tienen el idéntico objetivo de debilitar la poderosa fuerza política y electoral del Encuentro Progresista Frente Amplio Nueva Mayoría.

Los dirigentes blancos y colorados han construido un discurso de impunidad política. Sostienen que nada tienen que ver con la peor crisis que ha soportado el país en toda su historia. Hasta ahora no han asumido su propia responsabilidad en el estado del país. Se escuchan tan sólo discursos autojustificantes. «Se hizo lo que se pudo», «No se podía hacer nada». «La culpa la tiene Batlle». Hasta ahora no ha habido uno solo que asuma que han sido las políticas de Zerbino, De Posadas, Mosca y Bensión, a la orden de Sanguinetti, Lacalle y Batlle, las que condujeron al Uruguay a este terremoto económico, social y político.

Para colmo se intenta convencer de que sólo los partidos tradicionales pueden sacar al Uruguay del estado de postración en el que se encuentra. No se repara en el hecho de que el país sólo encontrará caminos de reconstrucción en base a confianza y credibilidad. Los dirigentes blancos y colorados no pueden ofrecer ni una ni otra y si continúan en el gobierno y en el poder, no habrá salida para la mayoría de los uruguayos. ¿Cómo es posible creer que los mismos dirigentes blancos y colorados que nos hundieron en la crisis sean los que nos podrán sacar de la misma?

Para el mundo de la producción y del trabajo, la peor noticia que pueda haber en materia económica es que continúe la misma elite política que ha conducido el país todos estos años. Es imprescindible un cambio que genere las condiciones económicas, políticas y sociales que hagan el país atractivo para la inversión y el desarrollo a largo plazo. Sólo el Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría puede lograr este clima.

Ante la consistencia de estos argumentos, se intenta erosionarlos en forma elíptica afirmando que la crisis ya pasó. Esta sería sólo un recuerdo remoto, sin que se hayan explicitado en ningún lado las decisiones o las líneas políticas que llevaron a que la crisis se haya superado. El tipo de cambio ha puesto al sector agroexportador en condiciones competitivas, que había perdido, cosa que este mismo gobierno se negó a aceptar y luego actuar en consecuencia, por el fundamentalismo incompetente del tan poco recordado ministro Bensión. Es cierto que se ven signos de recuperación, pero dado el estancamiento continuado de la economía por cinco años, la profundidad del colapso del sistema financiero y el volumen de la deuda pública, todas son pesadas cargas que le costarán mucho sacrificio al Uruguay.

Desde las propias cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística, en que la pobreza medida desde el punto de vista del ingreso aumentó por dos, al análisis de cualquier indicador de calidad de vida de nuestra población, ya sea en alimentación, salud, vivienda, situación de calle, empleo o emigración siempre es evidente que los efectos de la crisis, aún, los tendremos que soportar por mucho tiempo.

En realidad, el efecto más devastador de todos es la pérdida de la esperanza de nuestra gente y la falta de confiabilidad de sus dirigentes. Por ello, sólo se saldrá de la crisis en clave política y si hay un cambio fundamental en la conducción del país. Este sólo lo pueden brindar hombres y mujeres no involucrados en esta gestión. Esa doble condición sólo la cumple la Nueva Mayoría liderada por el doctor Tabaré Vázquez.

Con el afán de poder sortear el razonamiento sencillo del ciudadano común, que ya sabe que los responsables son los dirigentes de la coalición blanqui-colorada, se utiliza un nuevo artilugio retórico.

Este consiste en afirmar urbi et orbi que hay un precandidato del Partido Nacional distinto y salvador de la patria. Larrañaga, se dice, es la opción a Lacalle y a Batlle y Sanguinetti representados por Stirling. Pero, ¿qué tiene para mostrar Larrañaga? No sólo votó a Batlle en noviembre de 1999, sino que además muchos de sus apoyos políticos actuales acompañaron a Lacalle y a Batlle en cargos de enorme responsabilidad y algunos aún los ejercen. ¿Qué hacían Abreu, Alonso, Gallinal, tan sólo unos meses atrás?

Al final, como último esfuerzo dialéctico se sostiene que el único efecto electoral de este 27 de junio es tan sólo dirimir la contienda en el Partido Nacional. Se desprende de esta afirmación que lo único interesante es votar dentro del lema del Partido Nacional y si no quedarse en su casa. Se quiere dar el sentido de que es tan sólo una elección sin importancia.

La búsqueda de un pronunciamiento claro e inequívoco de la ciudadanía se hace más que necesaria para establecer que llegó la hora del cambio en Uruguay.

Es cierto que la definición trascendente es el 31 de octubre, pero el triunfo de octubre estará más cerca si el 27 de junio ayudamos al Uruguay señalando que la hora de un gobierno progresista está más cerca que nunca. Contamos con una herramienta fundamental que es el Encuentro Progresista Frente Amplio Nueva Mayoría para convocar a todos los uruguayos de todas las tradiciones para hacer del Uruguay una tierra de dignidad.

Desarmar la falacia discursiva. Construir la esperanza. No rehuir el debate, y clarificar que la única opción cierta de cambio es el Encuentro Progresista Frente Amplio Nueva Mayoría, en pos del futuro de los uruguayos, es la tarea de la hora. *

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