A veinte años del regreso
Se cumplen hoy veinte años del regreso de Wilson Ferreira Aldunate a su patria, luego de once años de exilio. Fueron once años de lucha y militancia antidictatorial permanentes, con el vigor, la entrega y la lucidez que caracterizaron al último caudillo. Once años de gestiones, denunciando el oprobio del gobierno cívico-militar ante organismos internacionales y en cada foro u oportunidad propicia para desnudar al régimen y aislarlo. Toda esa actividad lo hizo acreedor al odio de militares y civiles colaboracionistas que no ahorraron epítetos para referirse a él hasta el colmo de haberlo catalogado como un «sedicioso prófugo».
A pesar de su miopía y de su torpeza, los centuriones y sus aliados civiles se percataron de que Wilson Ferreira era el símbolo de la oposición a la dictadura y que en una elección libre amenazaba con alzarse con la victoria; sabían que, de ser candidato, obtendría la presidencia, porque Wilson había logrado concitar la adhesión de importantes mayorías de la población que veían en él al opositor por antonomasia. Ello, unido a su carisma y a su personalidad avasallante, convertían a Wilson en el enemigo público número uno del régimen. Por eso se encargaron de excluirlo de la vida política nacional y montaron la farsa del proceso ante la Justicia militar, de modo de mantenerlo prisionero durante la campaña electoral.
Por estos días tienen lugar numerosos actos y homenajes organizados por dirigentes del Partido Nacional, en los que se pronuncian encendidos discursos llenos de lugares comunes. En la prensa partidaria aparecen artículos y notas editoriales que ensalzan la figura del extinto caudillo aludiendo a su inteligencia y a su personalidad o recordando su trayectoria política y su regreso al país en junio de 1984.
Pero como suele ocurrir con frecuencia, el prototipo tiende a convertirse en estereotipo merced a los excesos laudatorios y a la memoria parcial, cuando no al ocultamiento de facetas e ideales del homenajeado que pueden resultar irritantes o inconvenientes para quienes pretenden erigirse en sus herederos políticos.
Nosotros, aunque sin olvidar ciertos yerros o actitudes que ensombrecen un tanto la imagen de Wilson Ferreira, recordamos no sólo al opositor a la dictadura. Tenemos presente –y buena cosa es resaltarlo– al ministro de Ganadería y Agricultura, al impulsor de la CIDE, al parlamentario que combatió con más intransigencia –junto a otras figuras destacadas de la época– la predictadura pachequista, al candidato con un programa de definido corte progresista como sin duda lo fue «Nuestro compromiso con usted». Vale la pena releer ese documento para advertir cuán lejos estaba el conductor de Por la Patria de las recetas neoliberales que con entusiasmo aplicaron los gobiernos colorados y blancos posdictadura.
Porque si bien la ideología de Wilson provenía de la matriz liberal, sin influencias marxistas y ni siquiera socialistas, el modelo de país por el que luchó tiene muchos más puntos en común con el del progresismo actual que con los sectores nacionalistas que se pretenden sus seguidores y que invocan su nombre y su prestigio para convalidar propuestas reñidas con los ideales que guiaron a Wilson Ferreira Aldunate. *
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