Cabildean contra Cuba los señores del odio y la muerte en Montevideo
Se ha dicho –y con razón– que la solidaridad es la ternura de los pueblos y los cubanos que residimos en Uruguay recibimos, cada día, nuevas dosis de ternura. Basta con que comencemos a hablar para que se nos identifique como cubanos y también basta una simple aclaración: «de la isla», para que el diálogo sea inmediato, abierto, franco. Ni cuando el gobierno de los EEUU envió desde la base naval de Guantánamo a un grupo de indocumentados cubanos que, recién llegados, comenzaron a exigir condiciones de vivienda, trabajo y salarios, a crear conflictos y simular huelgas de hambre, dejamos los cubanos residentes en Uruguay de recibir muestras de solidaridad, no hacia nosotros como individuos, que aunque las recibimos es lo menos importante, sino hacia nuestro pueblo y sus luchas más que centenarias ¡Y eso sí es importante!
Seguramente por ello mismo, de vez en vez vienen «invitados» a Uruguay otros cubanos –y alguno que no lo es– a tratar de sembrar odio contra Cuba, a cabildear para buscar «apoyo» en su «lucha» contra su propia gente y la tierra que los vio nacer. Ni una sola vez estos señores del odio y la muerte han tratado de establecer vínculos de ningún tipo con los que, se supone, somos sus coterráneos. Saben que sus falacias no prosperan en nuestro medio (que tampoco es el de «La mafia de los pasaportes falsos») y buscan desesperados a quienes engañar para poder seguir viviendo de la infamia.
Repetir mil veces la mentira para intentar convertirla en verdad es el método que emplean: denostar contra los sistemas de salud y educativo cubanos; mentir respecto a los derechos humanos en la isla; confundir llamando «embargo» al bloqueo y apoyándolo «porque su levantamiento perjudicaría al pueblo de Cuba»; infamar al sistema judicial cubano por su actuación en el caso Ochoa-Laguardia; acusar –sin la más mínima prueba– de contubernio al gobierno de la isla con el narcotráfico internacional; justificar el secuestro del niño cubano Elián González en los EEUU en contra del criterio del gobierno de los EEUU, de la mayoría de los norteamericanos y de la inmensa mayoría de los cubanos… Pareciera como si, perdida la batalla en los EEUU donde son cada vez más las voces que se pronuncian por la revisión de la política hacia Cuba, estos señores han decidido buscar aliados por otros lares y aún cuando se esfuerzan en cambiar su imagen presentándose como pacíficos defensores del pueblo de Cuba, el odio hacía ese mismo pueblo los traiciona en cada uno de sus dichos y hechos.
Aún así, y como no han podido «engañar a todo el pueblo todo el tiempo», siguen engañando «a una parte del pueblo todo el tiempo», y forman parte de los engañados ciudadanos de todos los niveles –desde los más sencillos hasta los más encumbrados– a los que más de una vez se les escucha (y se les lee) repitiendo los eslóganes de los señores del odio y la muerte: uno de los más difundidos y más engañosos es que los cubanos no podemos viajar fuera de nuestro país.
Bastaría para demostrar el infundio la presencia de cubanos en Uruguay, también que ninguno de nosotros vino en balsa. Sin embargo, por tratarse de Cuba y de la campaña de odio por tanto tiempo orquestada en su contra, son necesarias explicaciones adicionales: en Cuba, como en todos los países civilizados del mundo, existen normas y trámites que deben cumplirse para la salida del país –y para la entrada– y ningún cubano que cumpla esas normas y trámites y disponga de los recursos necesarios (como cualquier ciudadano de cualquier otro país del mundo civilizado) nunca tuvo ni tendrá obstáculos para viajar al exterior.
También en Cuba, como en todos los países civilizados del mundo, las salidas ilegales son reprimidas –y las entradas ilegales– por lo que nunca fue Cuba quien alentó tales salidas. Es por ello que las verdaderas causas de estas salidas ilegales y de «los balseros» deben buscarse en los EEUU, que las hicieron parte de su política hacia Cuba desde el principio de la Revolución: primero para despojarla de sus técnicos y su personal calificado, luego para utilizarlas como propaganda en contra del régimen cubano y siempre porque la única vía que quedó a los que la querían (luego de que fuera suspendida la concesión de visas a cubanos) para alcanzar el «paraíso norteamericano» de forma automática, «segura» y con privilegios a los que sólo los cubanos tienen acceso –aún hoy, gracias a la norteamericana «Ley de Ajuste cubano», vigente desde el 2 de noviembre de 1966– es la llegada a Norteamérica por vía ilegal (una precisión, desde Cuba y con los «pies secos», o lo que es lo mismo, hay que llegar a pisar el territorio de los EEUU).
Desconocemos cuáles fueron los resultados del cabildeo de los señores del odio en Montevideo. Sólo sabemos de las respuestas que recibieron luego de su intervención en un programa de Radio Sarandí y son precisamente éstas las que nos dan la seguridad de que Cuba seguirá contando con el apoyo solidario de este hermano pueblo uruguayo. Para él mi reconocimiento, pues como nos enseñó Martí: » …amo con todos los cariños a los que sacaron el pecho en defensa de mi país, y censuro públicamente a los que lo calumnian y deshonran».
* Cubano, profesor universitario
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