La generación perdida o los reyes son magos
Cuando los concibieron, hace seis años, creyeron que una changa o aquel trabajo prometido les iba a salvar la venida al mundo de un hijo más.
Y con esa esperanza y esa luz, aprontaron el nacimiento.
Cuando se enteraron los abuelos, de un nuevo nieto, pensaron que era una locura, hasta que se dieron cuenta de que una locura es no poder tener hijos, por no poder mantenerlos y creyeron que la mesa podría dar un plato más al bienvenido.
Cuando nacieron sólo pensaron en ser felices, en jugar, encantarse y encantar, tener amigos, juguetes, creer en los reyes magos, conocer la playa, correr en los recreos de la escuela, comer rico y crecer.
Hace seis años nacieron niños y niñas en este país, y hoy la mitad de los mismos es pobre.
Aquella changa no se dio, el trabajo prometido nunca se cumplió, las largas colas en la madrugada no dieron como resultado las ocho horas, la mesa se achicó y la esperanza y la luz fue tapada y borrada del horizonte.
En un decenio serán jóvenes, nunca comieron rico, la playa la conocen por la tele o por una casualidad, los reyes no son magos, los recreos de la escuela son para tomar la leche tibia que reparten las empleadas, y se duermen arrullados por las peleas de los padres y los ladridos de los perros.
Serán, si el viento no se pone de su lado, la generación perdida y nada menos que la mitad de los jóvenes de 2010.
Los que no estudiarán, no trabajarán y sólo mirarán pasar la vida frente a sus ojos, con una mezcla de resignación y rebeldía, de asco y de impotencia.
Serán mano de obra desocupada, barata, marginales y marginados, excluidos, orilleros del mundo y parias en la vida.
Algunos sobrevivirán por un golpe de suerte, por una mano amiga o un empeño a prueba de todo. Serán los menos.
Los más serán la mitad del futuro de nuestro país.
Hoy integran la legión de la miseria uruguaya, de más de un millón de pobres.
Esos pobres que aumentaron en 450.000 en cuatro años.
Esos menores de 6 años que en situación de pobreza representan el 56% del total.
Hace más de un año que casi el 50% de los desocupados no encuentra ningún tipo de trabajo.
El 40% de los ocupados no tiene cobertura social ni de salud.
Y además, los 250.000 en asentamientos y los miles de emigrados y los suicidas y los que desertan del sistema educativo y los malabaristas de las esquinas y los que comen de los restos de otras comidas y los 220.000 niños que comen en las escuelas…
Esa es hoy nuestra situación y esta tiene responsables.
Y los responsables son los que gobernaron y gobiernan este país desde siempre, o si lo prefieren, desde la nueva democracia del 85 para acá.
Y tiene presidentes: Sanguinetti, Lacalle y Jorge Batlle.
Y tiene partidos políticos, el Partido Nacional y el Partido Colorado, y tiene a los legisladores y directores y funcionarios de esos partidos que actuaron desde el 85 para acá.
Y todos ellos, en mayor o menor medida, son responsables y tienen que rendir cuentas y reconocer sus actos, y en lugar de exigir a quien o quienes nunca gobernaron deben responder y dar cuenta de sus decisiones.
El resultado de sus acciones está a la vista.
Son los datos y son los hombres y mujeres de los que hablábamos al principio, ellos y ellas son las consecuencias, las tristes consecuencias de esos mismos que ahora, con discursos de campaña, nada tienen que ver con este presente, con lo que hicieron y ahora vuelven a lo prometer, como barajando y dando de nuevo y aquí no pasó nada.
¿Dónde estaban cuando fueron abriendo y multiplicando la fábrica de pobres más grande de toda la historia de este país?
¿Dónde estaban cuando insistían con más de lo mismo, más para los menos, y menos para los más?
¿Dónde estaban cuando crearon y recrearon la generación perdida de los 90?
¿Dónde estarán cuando casi la mitad de esos jóvenes sean adultos y sean presente en este país?
No sabemos dónde estarán ellos. Sí sabemos dónde estaremos nosotros, reconstruyendo desde las ruinas, alentando la esperanza, recuperando la idea que los reyes son magos, abriendo fábricas, produciendo, no solamente creciendo económicamente, porque si crecemos pero no hay ocupación ni distribución justa del ingreso, el crecimiento será solo un dato, ahí estaremos, logrando que el trabajo sea un valor que tenga como recompensa la rica comida y haciendo que cada nacimiento sea una alegría y no una pesada carga, mostraremos que la honestidad es posible y necesaria, que la palabra se cumple, que la mentira no paga.
Ahí estaremos. *
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