Un multiplicador de la miseria

Desde que se conocieron las cifras emanadas de insospechables documentos oficiales sobre la desnutrición y la mortalidad infantil, especialmente altas en el departamento de Artigas, hemos abordado reiteradamente el tema en estas páginas.

Es que no es un asunto menor. Como ha dicho la doctora María Elena Curbelo –en entrevista de Sonia Breccia en su programa Primera Voz de AMLIBRE–, más allá de las cifras elocuentes y aterradoras, la realidad de esas zonas especialmente carenciadas del departamento norteño tendrá, en el mediano plazo, consecuencias trágicas.

La situación que viven los habitantes de Las Piedras y Las Láminas no solamente nos conmueve por las penurias que deben soportar debidas a carencias de todo tipo, sino que nos subleva por la irreversibilidad de las secuelas que padecerán, por el resto de sus vidas, estos uruguayos subalimentados. La doctora Curbelo fue muy clara al destacar cómo incide la desnutrición en el desarrollo intelectual del ser humano. Para el desnutrido severo (el niño que no recibió una alimentación adecuada durante los primeros años de vida) las perspectivas de formarse en el sistema educativo de manera de superar su situación, obtener un empleo y ascender socialmente son nulas. Y lo son por la sencilla razón de que sus neuronas no recibieron los nutrientes apropiados durante el crecimiento; entonces, su capacidad de aprendizaje se ve notoriamente disminuida. Son los niños que repiten una y otra vez y que, o bien abandonan la escuela, o son promovidos por extraedad. ¿Qué posibilidades pueden tener de superarse y emerger de la miseria y la marginación en que nacieron?

Como se advierte, las perspectivas de futuro para esos niños uruguayos son trágicas. El sistema los ha condenado de por vida a seguir vegetando y a traer al mundo más criaturas con cuadros crónicos de desnutrición, en una suerte de círculo vicioso, de mecanismo perverso de multiplicación de la miseria.

Con este panorama, y de seguir el gobierno aferrado a un modelo de crecimiento económico que ha concentrado la riqueza en pocas manos y ha excluido a los más, en los próximos años la pobreza se habrá generalizado, al tiempo que aumentará el número de indigentes. A nadie escapa que, más allá de lo doloroso que resulta el hecho en sí, por lo que significa como padecimiento de miles de compatriotas, esto tendrá como efecto, también, el aumento de la delincuencia. Tendremos, pues, una sociedad más injusta y más insegura; con una clase media casi inexistente y cada vez con más excluidos. He ahí el resultado de la aplicación de las recetas impuestas por los centros mundiales del poder económico: un aparato productivo en ruinas, pobreza, exclusión, concentración de la riqueza y una sociedad desestructurada.

Se nos dirá que en Uruguay siempre hubo pobres, que siempre hubo cantegriles y que siempre hubo deserción escolar. Es cierto. Pero no es menos cierto que esos tristes fenómenos han experimentado un crecimiento exponencial en el transcurso de los tres últimos lustros y especialmente durante el gobierno actual.

Es urgente implementar políticas de asistencia a los sectores carenciados. Pero es preciso también atacar las causas de este incremento indecente de la pobreza de modo de desmantelar esa usina generadora de marginación. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje