Cambios y gobernabilidad
Es sabido de la imprudencia de avanzar en conjeturas políticas basándose exclusivamente en los resultados de los sondeos previos a una elección. Incluso en países como el nuestro, de niveles relativamente altos de politización ciudadana y de participación electoral.
De modo que las apreciaciones que se realizan a continuación no nacen exclusivamente de las encuestas de opinión sino que apenas toman estas como una referencia más dentro de un conjunto de datos más o menos objetivos y explícitos.
En las próximas elecciones internas los tres partidos se presentan con horizontes distintos. El Frente Amplio-Encuentro Progresista-Nueva Mayoría participa con un candidato único y un programa elaborado en conjunto por una serie de instancias técnicas y políticas y aprobado por un Congreso. Un programa también único que unifica las distintas tendencias que militan en su seno. Las diferencias que se dirimirán atañen a algunos asuntos políticos, a cuestiones de estilo y rasgos personales de los principales líderes, pero el trazo principal de la acción de gobierno ya está acordada previamente al menos desde diciembre del año pasado.
Se trata de un programa de cambios de signo popular, austero y anticorrupción, nacional y de profundización democrática. Sin vínculos ni compromisos con el «establecimiento», con un tipo de relaciones ya insinuada (y probada) con las organizaciones sociales de trabajadores y con los cooperativistas, el FA-EP-NM, en el caso de obtener la mayoría presidencial en la primera vuelta del balotaje, conseguiría unas razonablemente buenas condiciones de gobernabilidad: mayoría simple en cada una de las cámaras y control del gravitante Poder Ejecutivo que otorga la constitución desde 1967.
Condiciones de gobernabilidad, entonces, para los cambios, en pos de los objetivos que se ha asignado en la instancia democrática del IV Congreso Extraordinario, denominado «Héctor Rodríguez».
Es en ese sentido que parece estar, desde hace ya un largo tiempo, inclinándose la ciudadanía: las encuestas de las más diversas procedencias indican la posibilidad que el FA-EP-NM alcance más del 50% de los votos en la primera vuelta.
¿Cuál es la situación en los demás partidos?
En el caso del Partido Colorado cualquier hipótesis parece carecer de asidero, dado el escaso apoyo que viene obteniendo en los sondeos y el clima de derrotismo que expresan a voz en cuello sus principales líderes.
Distinta es la situación en el Partido Nacional, donde la disputa entre el senador Jorge Larrañaga y el ex presidente Luis Alberto Lacalle parece estimular un mayor nivel de participación electoral.
A ambos candidatos los separan aspectos programáticos de importancia, al menos si tenemos en cuenta las formulaciones del senador Larrañaga. Una evidencia nada menor fue la negativa reciente de este a compartir la tribuna en un homenaje a tributarle a líder blanco Wilson Ferreira.
No menos profundas parecen ser las divergencias sobre algunos aspectos referidos a la conducción actual del país, del que Lacalle forma parte y Larrañaga tomó cierta distancia desde hace un tiempo, después de haber ocupado, sus hombres o algunos de sus aliados, cargos de importancia en el gabinete del Presidente Batlle.
¿En caso de triunfar en la interna del Partido Nacional, Larrañaga daría garantías de la gobernabilidad para los cambios que promete?
Todo parece indicar que esa situación sería posible si lograra acumular tras su programa de gobierno (y de transformaciones) a la inmensa mayoría del Partido Nacional e, inevitablemente, también a la inmensa mayoría del Partido Colorado.
Solamente a partir de una victoria que le brinde a Larrañaga un sólido apoyo parlamentario propio, la gobernabilidad y los cambios serán viables.
De ahí que la única opción de cambios con gobernabilidad razonable y seria es la que brinda el FA-EP-NM, sobre todo si consigue imponerse en la primera vuelta. *
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