Larrañaga, la esperanza

La expresión del título luce una sencilla vivienda, en el medio rural de San José. Se acerca junio, y el disco está a la vista, allá vamos, con esa esperanza que tiene fundamentos. Es el fruto de un gran esfuerzo, que encabezó el sanducero, nuevo líder como le dicen, pero del que han participado una gran cantidad de blancos luchadores. Nos queda un último trecho que ya no parece tan extenso, pero que resulta singularmente intenso. Y es la hora de echar el resto, no hay lugar para las excusas. Es el momento para el cambio que prometimos y que esperamos. Que el país reclama para salir de sus frustraciones, prolongadas, desgastantes.

Cuantas más piedras, más ganas habrá que poner, y creer que vamos a llegar.

Aquí hay que hacer una perspectiva entre obstáculos y objetivos. Nunca pensamos que no habría inconvenientes, y nunca nos desanimamos. Sabemos que tendremos también desventajas; no será este el polo más atractivo para los que mueven la «plata fuerte» que tendrán naturalmente las garantías legales y pueden sentirse tentados por los mismos intereses, pero hay una gran mayoría que apunte a esa filosofía nacionalista popular y progresista que bien se puede identificar en Jorge Larrañaga, con una ética política que la sociedad necesita para recuperar la confiabilidad comprometida, por tantas cosas; hechos que nos han hecho daño y no han tenido muchas veces la necesaria reparación para defender como propios los intereses de la comunidad, y se puede oír la versión, el rumor, el comentario, cuando no la información de que «los que se la llevaron» no han rendido cuentas, porque la ley no es tan pareja como se cree y, como ha dicho alguna vez Ramírez, hay delincuentes de cuello duro que tienen ciertas reglas de mayor «flexibilidad» y hay políticos que usan varios discursos y Larrañaga exhibe siempre la misma credencial, la de que «nadie tiene por qué preguntar en dónde estuve y qué hice durante estos años».

Esa sí que es una moneda fuerte para que los de abajo, los que trabajan, los que producen puedan aferrarse. Eso se traduce en actuatr con los demás y para los demás, lo cual hace un gobierno fuerte sin necesidad de prepotencia.

De manera que los que más «sienten» la situación, puedan viabilizar la propuesta que solo garantiza Larrañaga, de la misma manera que los antecedentes, proyectos y actos de gobierno de Lacalle son de su exclusiva responsabilidad. Es así como consecuencia que la única interna que confonta candidatos para la elección nacional y programas distintos para comparar con los actos realizados por cada uno, es el nacionalismo.

Los otros partidos hicieron una opción distinta. En el nacionalismo no hay lugar para confusiones y los ciudadanos definen quién es la mayoría que le da la candidatura para la Presidencia de la República y qué hechos avalan su credibilidad.

Así de sencillo, nadie llega sin una clara «foja de servicios». Nosotros nos jugamos por Larrañaga y por lo que hizo y promueve. No solo aceptamos la transparencia sino que la queremos, que la población ejerza su derecho a ser exigente.

No se da, por fin, la posibilidad de que el voto emitido pueda ser tergiversado. Nada que temer por la reiterada «disciplina», asumimos el riesgo de un juicio severo, porque en la supuesta alternativa de una disciplina que pretenda inducirnos, y los dictados de nuestra conciencia, esta será nuestra actitud; no será una excepción, todos los blancos podrán vivir esta gran fiesta cívica que acaso nos brinde la oportunidad de rectificar rumbos en el Partido, para impulsar los cambios que tanto anhelamos. Adelante, y a luchar. *

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