Unión y construcción
Dos pensamientos positivos enlazados dialécticamente conforman la estrategia de la victoria de las fuerzas progresistas de izquierda: Unión caros compatriotas y estad seguros de la victoria. Construyamos el Uruguay de la gente.
Así lo delineó el doctor Tabaré Vázquez al lanzar la campaña electoral en Montevideo hacia el 27 de junio próximo.
Por un lado, parafraseando al padre Artigas, ubica el concepto de unión, pluralidad y coherencia, como la clave del triunfo.
Los defensores del statu quo y del establishment, asustados ante el avance de las fuerzas del cambio, leáse al doctor De Posadas Montero para tener idea del nivel de pánico, buscan permanentemente, mediante sus instrumentos de difusión, acentuar los factores de desunión.
Por tanto, por la razón del artillero, la primera regla debiera ser poner el acento en todo lo que nos une y no en lo que nos divide.
Ello no significa eliminar las identidades, cada sector de izquierda buscará exponer su discurso y será la ciudadanía, el pueblo, quien dictará sentencia sobre quién lo interpreta mejor.
Nadie debe autoungirse en el fiel intérprete de las mayorías populares, dejemos que la gente se exprese en las urnas y saquemos conclusiones.
El otro pensamiento «Construyamos …» ubica dos aspectos: por un lado el colectivo ciudadano, no simplemente la personalidad o el caudillo, segundo, el «Uruguay de la gente», frente al Uruguay de la exclusión social, la desocupación y la miseria, que hoy caracteriza al gobierno bipartidista.
La movilización que se desarrolla demuestra una penetración social de las fuerzas progresistas que desmiente el constante golpeteo de consultoras que miden milímetro a milímetro y buscan dar la sensación de un declive de la izquierda.
Asistimos a una guerra sicológica, que se profundizará luego de junio, para golpear el estado de ánimo de los militantes de izquierda.
Los hechos, los tozudos hechos, demuestran, como también se concretó el 7 de diciembre, con el voto rosado por Ancap, que somos mayoría sobre los votos unidos de los partidos tradicionales.
La historia demuestra que cuando las fuerzas de izquierda se unen y despliegan una estrategia común, logran la victoria. Por el contrario, cuando la desunión penetra en sus filas y se busca acumular votos a través de las diferencias internas, quien avanza es la derecha y los sectores conservadores.
El ejemplo de Francia es paradigmático. Cuando la izquierda se dividió, el balotaje, en un hecho inédito, se dirimió entre derecha y ultraderecha; pero a los pocos años, cuando las izquierdas supieron encontrar un cauce común, unidad en la diversidad, se restableció el eje real de la sociedad y triunfaron las fuerzas progresistas.
No sólo eso, sino que la ultraderecha retrocedió y se ubicó en su real dimensión.
Uruguay está apto para el cambio, pero requiere que a los factores objetivos se le sume el factor subjetivo.
El estado de ánimo de la gente, la voluntad de victoria, el saber privilegiar las propuestas junto a la denuncia de las injusticias. Ampliar la base político-social para el triunfo electoral.
La dirección política de la izquierda debe fortalecer su unidad, cohesión y visión de conjunto.
Un colectivo humano, de mujeres y hombres, que antepone los intereses del pueblo postergado a los intereses políticos sectoriales.
Esta es la oportunidad histórica de la izquierda uruguaya de acceder al gobierno y cambiar la pisada.
Nada es más importante que este objetivo.
No nos quejemos cuando la derecha y sus medios de expresión hablan de nuestras diferencias, busquemos cuáles son las causas. Seamos inteligentes y coherentes.
Hace pocas semanas se reunieron analistas políticos de diversas orientaciones y coincidieron en que «… si bien la reactivación económica que vive el país y los cambios en liderazgos de los partidos tradicionales pueden mejorar la votación de blancos y colorados, el Encuentro Progresista accederá sin dudas al gobierno el 1º de marzo de 2005″. Es más, uno de los aguzados analistas advirtió que si la izquierda no obtiene el triunfo electoral, el gobierno «será el más débil de todos los que conocimos en el Siglo XX», porque no tendrá respaldo parlamentario, ni las principales intendencias del país y se enfrentará a un clima político complejo.
Ya sea por la positiva como por la negativa, tanto para la consolidación y profundización democrática, como para el cambio de la política económica, se hace necesario un cambio en la dirección política del país.
El ciclo histórico de rotación de partidos en el poder ha madurado en nuestro país.
A la izquierda se le acusaba de no saber dialogar con el empresariado y con el inversor extranjero, ahora lo logra, como fue la visita de Tabaré a Argentina y la derecha se desespera, porque van cayendo sus últimos recursos.
A semanas de las elecciones internas, la Nueva Mayoría será primera fuerza en junio como anticipo de la victoria de octubre.
A redoblar nuestras energías, con el convencimiento de que nuestra propuesta es la única garantía de cambio real para evitar males peores.
Uníos caros compatriotas y construyamos el Uruguay de la gente.
Esa es la esperanza que ilumina el horizonte político. *
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